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Noel Álvarez // Un mundo feliz

En el año 1932, el escritor y filósofo británico Aldous Huxley escribió su novela distópica, Un mundo feliz, donde presentó una visión sobre el surgimiento de las dictaduras científicas del futuro. En la ficción describe un mundo utópico, irónico y ambiguo donde la humanidad es permanentemente feliz, donde no existen guerras ni pobreza. Las personas son desinhibidas, tienen buen humor, son saludables y tecnológicamente avanzadas. La ironía de esta perfección creada por el ‘Estado mundial’, la entidad que gobierna en ese mundo feliz, es la aplicación de medidas que eliminan la familia, la diversidad cultural, el arte, la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía.

En otro ensayo de 1958, el periodista examinó cuanto había cambiado el mundo en el período desde que su libro fuera publicado, y hacia donde se dirigía el mundo. Huxley escribió que: “En política el equivalente a una teoría científica o un sistema filosófico es una dictadura totalitaria. En economía, el equivalente de una bella obra de arte, es la fábrica donde los trabajadores están ajustados perfectamente a las máquinas. La voluntad de ordenar puede crear tiranos en aquellos que solo aspiran a solucionar un problema. La belleza del buen orden es utilizada como justificación para el despotismo”.

Huxley explicó que los súbditos del dictador del futuro estarán regimentados de forma indolora por un cuerpo de ingenieros sociales altamente capacitados, y cita a un “defensor de esta nueva ciencia”, señalando que, el desafío de la ingeniería social en nuestro tiempo es como el reto de la ingeniería técnica cincuenta años atrás. Si la primera mitad del siglo XX fue la era de los ingenieros técnicos, la segunda mitad bien puede ser la era de los ingenieros sociales. Así, proclama Huxley: “El siglo XXI, supongo, será la era de los Controladores Mundiales, el sistema de castas científicas y un mundo feliz”.

La gente debía ser feliz porque la felicidad permite la estabilidad social, ya que, si todos son felices, todos están conformes con lo que tienen y como viven. ¿Pero, cómo lograr un mundo en mejores condiciones? ¡Fácil, según el escritor y la élite! Controlando totalmente la natalidad, decidiendo cuánta gente nace y cuándo lo hace. Se trata de evitar que las personas se reproduzcan entre sí, para ello, las mujeres deberán entregar sus óvulos y los hombres sus espermatozoides. A partir de allí, en laboratorios serán creados seres humanos acondicionados para la vida social”. ¿Qué significa esto? Implica que las personas vendrán preparadas para ser felices, el desarrollo natural de los fetos será intervenido con el propósito de adaptarlos a la vida que se les ha escogido. Luego el acondicionamiento seguirá por medio de diferentes métodos, entre ellos la educación moral a través del sueño.

Como resultado de este proceso, no existirá la guerra, ni el hambre, ni la pobreza, pero tampoco Dios, ni el amor porque estos provocarían sentimientos que impedirían la felicidad. Al leer la novela percibo que todos están conformes y son felices… exceptuando a Bernard, Helholmtz y Míster Salvaje o John, los protagonistas de esta historia y los que mueven la trama.  La moraleja es que, en una sociedad en donde se obliga a las personas, fisiológica, química y socialmente a ser felices, siempre existirá alguno que no lo será porque no se siente parte de la civilización o no está conforme con su vida, lo que demuestra que la felicidad artificial no es posible para todos.

Esta sociedad aparentemente feliz, lo es a costa de la individualidad, de la libertad, de la proacción, de la creatividad. La gente de este mundo feliz, se les enseña a ser dichosos, actuando como grupo, es decir, la sociedad por sobre el individuo. Felicidad basada en la estabilidad material. Sexo sin amor. Y si alguien sufre de algún mal emocional, solo debe consumir soma, una droga sin consecuencias dañinas para el organismo. Con John, el lector se da cuenta de que, él representa a la humanidad y prefiere el camino para verle la cara a su Creador antes de este mundo feliz. Bernard y Helholmtz reflejan a aquellos cuya humanidad “instintiva” sale a flote incluso en esa realidad creada. El resto de los personajes representan a esa parte de la sociedad que se conforma con su manera de vivir.

Devolviendo el cable a tierra, destaco el discurso que el presidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, pronunció al abandonar su cargo. En él advirtió de los peligros para la democracia que planteaba el complejo militar-industrial: “la red interconectada de la industria, los militares y la política que genera condiciones de guerra constante”. También alertó sobre otro cambio importante en la sociedad: “Hoy, el inventor solitario, trabajando en su taller, se ha visto ensombrecido por grupos de trabajo científicos en laboratorios y campos de prueba”.

También dijo Eisenhower: “la universidad libre, históricamente la fuente de ideas libres y descubrimientos científicos, ha experimentado una revolución en el desarrollo de las investigaciones. En parte debido a los enormes costos implicados, un contrato con el gobierno se convierte prácticamente un sustituto de la curiosidad intelectual. Por cada pizarra vieja de la actualidad habrá cientos de computadoras electrónicas. La perspectiva de que los académicos de la nación puedan ser dominados por el Gobierno federal, por la concesión de proyectos y por el poder del dinero, está más presente que nunca, es un riesgo que debe considerarse muy seriamente”.

No quiero terminar este artículo sin mencionar algo que me contó mi padre : “Hijo, recuerde, sustituir la expresión del amor conyugal, como acto que conduce a originar personas, por una actividad de carácter técnico o de laboratorio, será una forma de producir cosas, pero jamás alcanzará a producir seres humanos.

Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

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