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Sí, pero no así, por Julio Portillo

El triunfo del “No” en Colombia, no significa que esa nación no le dé un sí a la paz, a la terminación de un conflicto armado de más de cincuenta años con un saldo innumerable de muertos, secuestrados, desaparecidos y encarcelados.

Hay lecciones para la vecina Venezuela. Los colombianos organizaron un proceso de consulta en treinta días, contaron los votos con las manos, en dos horas tenían los resultados y el presidente Santos aceptaba la decisión del pueblo soberano.

Debemos reconocerle a Santos que fuera el propio pueblo quien decidiera sobre esos acuerdos. Nada parecido a Venezuela, donde el diálogo no se ha podido, el gobierno de Nicolás Maduro se arroga decidir por la mayoría y el CNE se presta para impedir que el pueblo se pronuncie.

Al establecer esta analogía queda desnudo el régimen venezolano, que tiene secuestrada la voluntad nacional. La mayoría del “No” en Colombia es mucho más moral que numérica.

Sus partidarios enfrentaron una desmesurada campaña por el “Sí” organizada por el gobierno, con invitados internacionales, medios de comunicación a su favor, encuestadoras compradas dando aprobación a los acuerdos habaneros.

El “No” puede leerse como “Sí, pero no así”.

Santos negoció con las FARC casi dándole un reconocimiento de beligerantes a las guerrillas, lo que, a excepción de Chávez en una oportunidad, no había hecho la comunidad internacional. Era evidente que las FARC discutían con el gobierno, de igual a igual, lo que no nunca fue la realidad.

La Colombia urbana, educada, productiva, estudiada, económicamente emergente, fue la que silenciosamente le puso un freno a ese desbalance donde los victimarios salían gananciosos de diversas maneras.

Las FARC quedaron emboscadas, no les queda otro camino que aceptar la paz, sin la “gratuita hospitalidad cubana”. Todo se decidirá en territorio colombiano.

Entre los curadores internacionales, ya no estará la parcializada Venezuela que deportó cientos de colombianos y podría tener pactos encubiertos con los desmovilizados.

Este episodio de la vida colombiana, deja lecturas y como dice Octavio Paz: “Toda lectura, incluso la que termina en desacuerdo o en bostezo, comienza como una tentativa de reconciliación”.

Aunque los resultados puedan leerse en números no debe hablarse de vencedores ni vencidos, la que ha triunfado es Colombia, que sigue empeñada en encontrar la concordia y una verdadera justicia que debe conseguir con sosiego y discernimiento de los espíritus.

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