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Mi amigo, Leonardo Atencio Finol, por María Guadalupe Núñez

El viernes 1° de abril, partió hacia las mansiones celestiales el doctor Leonardo Atencio Finol, mi amigo y hermano de la vida. Incondicional, humilde y generoso, lo conocí en 1976 en un aula de la Facultad de Ingeniería en los roles de profesor-alumno. Bachiller Técnico en Química, había ingresado al personal académico de LUZ (La Universidad del Zulia) como auxiliar docente y estudiaba para graduarse de Ingeniero. Después de obtener su título, fue asumiendo responsabilidades cada vez más complejas. Demócrata a carta cabal, el Vicerrectorado Administrativo fue un reto, especialmente porque se dio en una época funesta para el país, desestabilizado y movilizado a la calle. Cuando empezaron los ataques del poder central a la Universidad, para humillarla y rendirla a sus pies.

Sin embargo, eso no lo arredró y en 2004 asumió la rectoría de LUZ y como había finalizado mi responsabilidad como decano de nuestra Facultad de Ingeniería, me llamó a colaborar designándome director de Administración. Con la experiencia que tenía sobre los manejos administrativos del complicado mundo universitario, su guía y empeño, y el apoyo de nuestro grupo académico-político, la Fuerza de Afirmación Universitaria (FAU), gané la elección de Vicerrector Administrativo para el lapso 2008-2012 que por la torpeza y soberbia del Gobierno nacional se ha extendido hasta los actuales momentos, negándonos al claustro universitario la oportunidad de seleccionar a las nuevas autoridades universitarias.

Leo no dejó de luchar por su país y por la Universidad del Zulia desde cualquier ámbito, especialmente con sus columnas semanales en diarios regionales, y nunca dejó que los problemas se convirtieran en atascos para los procesos administrativos, practicando el diálogo como la herramienta fundamental de su “caja de herramientas”. Ese carácter afable le granjeó innumerables amistades como la del Dr. Rafael Rincón González, el Pintor Musical del Zulia.

Quizás “Pregones zulianos” le recordara sus tiempos juveniles cuando debía correr desde El Malecón al liceo luego de ayudar, junto a sus hermanos varones, a descargar los plátanos que su padre José Chiquinquirá (Chinco El Negro) Atencio traía desde el Sur del Lago. Este hombre curtido por el sol era junto a su madre Rosa Finol de Atencio (Mamá Rosa) sus mejores referentes y adoración; de allí que los días de Santa Rosa de Lima y La Chinita, fuesen festivos para toda la familia.

Rindo este homenaje a ese hermano que con su generosidad tocó a muchas vidas, recordando al poeta Pío Tamayo: “…Guarda el llanto allá adentro / en ese lago vivo/ de tu buen corazón…”. A su Isabel, hijos, hermanos, sobrinos, demás familiares y amigos les reitero mi respeto. Descanse en paz.

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