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Maracaibo: ¡Mucho Gusto!, por Javier Gómez González

No se conocen las ciudades, si no se conoce su centro histórico. El sentido de una ciudad, su razón de ser, está ligado al lugar donde ocurren las interacciones, que generalmente están vinculadas a los sitios de reunión para el intercambio social o comercial.

En mi experiencia particular, decía que conocía a Maracaibo desde hace 25 años. Cuando vine a vivir en este lugar y fui adoptado por su gente y sus costumbres, pensé que la entendía como mi urbe, que era capaz de reconocerla como tal, pero la he redescubierto súbitamente, gracias a que le fueron removidas de su rostro, las vendas que le escondían su mayor belleza.

Había oído de la importancia de su centro histórico para el comercio de los productos que venían desde los andes venezolanos y de tierras colombianas, de su mercado y el transporte fluvial a través de piraguas. En alguna oportunidad  conocí por documentales y fotos sus hermosas edificaciones de principios del siglo XX y, por los pregones de Rafael Rincón González, canté sobre su majestuosidad, pero hasta ahora y, gracias a la voluntad política de las autoridades correspondiente, puedo decir que conozco a esa Maracaibo histórica y profunda de la que hablan nuestros ancestros y el costumbrismo zuliano.

Este descubrimiento de la ciudad en que vivo, se la han perdido muchos que han nacido hace menos de treinta años y se fueron al interior o al exterior del país. Me aterra que puede haber gente nacida en Maracaibo que no conozca su ciudad y todo por falta de gobiernos que cuiden lo nuestro y prefieran darle una actividad económica rentable a personas, muchos de ellos extranjeros, en detrimento del derecho que tienen los ciudadanos de disfrutar su ciudad. Gobiernos que por complacencia, decidía y miedo, dejaron pasar, dejaron  hacer.

Esta acción demuestra que lo único que hace falta a los gobiernos para mejorar al país es voluntad política, ganas de hacer las cosas y determinación, no hay nada que detenga a una sociedad si está decidida a mejorar para el beneficio de todos.

No obstante, hay que mantener siempre informada a la opinión pública,  hay que derribar el mito según el cual todos los comerciantes informales de las pulgas hacen una actividad de sobrevivencia, por que no es así. Muchos de ellos son partes de negocios muy lucrativos lícitos e ilícitos o eslabones de una cadena de comercialización que mueven ingentes recursos, usan y abusan los espacios públicos y no pagan impuestos.

Sin embargo, tienen derecho a ser reubicados sin paternalismos, es decir, no deberían ser llevados a terrenos que urbanísticamente sean necesarios para el embellecimiento o para servicios a la ciudad y sus habitantes, porque lo que hacemos es trasladar el problema sin resolverlo. Debe vendérsele, si así como lo lee, con facilidades de pago y a precio justo, algún terreno que se escoja que no afecten los planes urbanísticos de Maracaibo.

Si se le sigue regalando, seguirán montando tarantines y chozas sin ningún sentido de pertenecía, tiene que serle vendido tanto el terreno como las edificaciones que se realicen de acuerdo a un Plan diseñado por la alcaldía y la gobernación.

Tiene además que haber un programa de financiamiento dirigido tanto a los comerciantes formales como los informales, para que no vuelvan a las prácticas anatosistas y usureras.  Existen bancos regionales y los organismos de financiamiento tanto de la gobernación como de la alcaldía con data y planes suficientes para atender este sector.

Y finalmente, debemos de hacer del centro un espacio súper seguro, de cero tolerancias al crimen, mejorar el tránsito, aplicar la ley con rigurosidad y realizar actividad cultural diurna y nocturna para que los maracaiberos, los zulianos y los venezolanos puedan redescubrir el maravilloso centro de Maracaibo.

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