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Mara siembra esperanza, por Rubia Luzardo

El municipio Mara, se caracteriza por ser una tierra de sangre histórica heroica, en la cual la gran mayoría de sus miembros son descendientes de las sociedades indígenas wayuu y añú, comportando así un territorio político intercultural que requiere de acciones públicas acordes a esta realidad sociocultural.

No obstante, también son múltiples las problemáticas históricas sufridas por sus pobladores, hoy día padecen situaciones producidas en el marco de la crisis social, económica y política que atraviesa el país. Es así como a los marenses los ahoga “literalmente”, la inseguridad, escasez, inflación, desempleo, pobreza, desnutrición, convirtiendo la equidad y justicia social en principios no materializados para sus ciudadanos.

Las cosas no pueden estar peor aseguran sus pobladores con respecto a los problemas enfrentados, sin embargo, la esperanza y la fe en un posible cambio del panorama los lleva a continuar el camino cada día. Pareciendo que esas vicisitudes los volviera más creativos ante las adversidades. En un recorrido reciente por la zona pude observar huertos en cada patio de los distintos sectores, contenidos de plátano, yuca, auyama, ajíes, frijoles, maíz y otros rubros. Asimismo la cría de animales vacuno, ovino, cerdos, avícola, se está retomando nuevamente, involucrando a la familia en estos saberes y prácticas tradicionales casi en desuso por la falta de políticas para incentivar el desarrollo de la producción local.

Estas acciones tendrán más impacto que una bolsa de comida entregada a una familia a través de programas de corte asistencialista, por cuanto, la producción endógena le devuelve al ciudadano marense su orgullo y dignidad por la tierra que otorga el alimento, la medicina y además elementos de su identidad cultural.

Mara también reclama libre acceso al alimento, a la seguridad, fuentes de empleo, vías adecuadas, educación sin ideologías ajenas a los valores originarios como ha sucedido en las últimas décadas. Un dicho popular expresa que; “… las cosas tienen que empeorar para que puedan mejorar”. Válida la experiencia que estamos viviendo todos los venezolanos, incluso el marense para aprender a sembrar esperanza en la búsqueda de un mejor país y ciudadanía.

 

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