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Mantener la paz espiritual por César Ramos Parra

Cuando me encuentro con un amigo o familiar, suelo preguntarle, de manera instintiva: “¿Qué hay de nuevo?” La repuesta negativa no se hace esperar. “¿Qué puede haber de nuevo? ¡Todo en este país es malo!” Realmente no es así. En nuestro ámbito laboral, personal o familiar, con seguridad siempre habrá algo que motive nuestra alegría. Sin ser conformista, siempre habrá la posibilidad de estar peor y siempre, ante las adversidades de la vida, la opción será la de luchar con entusiasmo por buscar un destino mejor, sin esperar a que otros lo hagan por mí.

La adversidad, la derrota, la enfermedad, la soledad, la opresión entre tantas otras circunstancias adversas de la vida, producen en todas las personas sentimientos de consternación; en la vida habrá de todo: muy buenos ratos y otros menos buenos; nadie se libra de ello. Sólo los débiles de espíritu optan por entregarse o huir. Los espíritus fuertes se deciden por luchar con fe, tenacidad y optimismo. De allí que debemos buscar las enseñanzas de vida de los grandes maestros de la humanidad, practicada con su ejemplo. Mahatma Gandhi, frente a la fuerte opresión vivida por su pueblo, les señalaba: “Ante las injusticias y adversidades de la vida… ¡calma!”

Considero que la situación que hemos vivido en los últimos años está llegando a un punto definitivo de inflexión. La inmensa mayoría del pueblo está reclamando un cambio de rumbo y ha optado por una vía pací ca, democrática, constitucional y preferiblemente electoral, a través del referéndum revocatorio, que lamentablemente el Gobierno y su grupo político se empeñan en obstaculizar, ante la contundencia de un resultado que les será totalmente desfavorable y que les sacará del poder. Sólo el Gobierno es el responsable de esta situación al adoptar un modelo político-económico fracasado que llevó al País a la disolución institucional, la miseria y el caos.

Frente a las circunstancias que se avecinan, la población en general debe mantener la serenidad. Es probable que puedan venir situaciones difíciles, pero igualmente todos, en uso de los derechos políticos consagrados en nuestra Constitución, debemos exigir las soluciones definitivas que nuestro país está esperando de las instancias correspondientes: El CNE, La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, el TSJ y las organizaciones políticas GPP y MUD, dentro del marco de lo contemplado en nuestra Carta Magna. El diálogo y la negociación constituyen las herramientas adecuadas de la política civilizada y no la confrontación violenta, la cual debemos rechazar.

La mayoría de nuestro pueblo limitó su participación política en el pasado al ejercicio del voto, manteniendo un alto nivel de indiferencia ante ese hecho y con frases como: “Si no trabajo no como”, se negaba a interesarse en esos asuntos. Estoy seguro que nuestro pueblo ha aprendido la lección y tendrá, en lo sucesivo, un mayor interés en auscultar a quien le otorgará su confianza a través del voto cuando de elecciones se trate. Este aprendizaje se extenderá también a la actitud que cada quien debe adoptar en circunstancias de crisis como la que vivimos, manteniendo la paz y la tranquilidad espiritual para evitar caer en la frustración, la depresión o la desesperanza, pero actuando y participando dinámicamente en la búsqueda de la solución, en la seguridad de recuperar la senda del progreso al cual todos tenemos derecho. ¡Nadie puede arrebatarnos ese sueño!

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