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Los retos del postgrado en Venezuela, por Judith Aular de Durán

Si la misión de los estudios de postgrado es formar recursos humanos especializados, con el más alto nivel de exigencia académica, entonces no hay lugar a dudas para considerar al postgrado como el nivel educativo llamado a ejercer el mayor peso transformador y vanguardista dentro del sistema de enseñanza venezolano.

Es concerniente romper con la percepción distorsionada que históricamente se ha tenido del postgrado en Latinoamérica y el Caribe, que lo ha encasillado como un sistema de estudios restringido, elitesco, que no puede masificarse o expandirse porque se limita el acceso a los profesionales que no cuentan con fuentes de nanciamiento o a aquellos cuya formación universitaria es débil en las áreas cientí cas y requieren nivelarse para optar a programas de mayor exigencia académica.

Estas distorsiones sobre la especialización universitaria no son ajenas a nuestro país y realmente han sido obstáculos que en el pasado y presente han frenado la expansión y la mayor congruencia de la oferta de postgrado.

La prioridad es lograr una conexión más eficiente, lógica y estratégica entre los componentes que conforman el sistema de postgrado, es decir, entre la demanda de aspirantes, la oferta de programas para satisfacer los entornos laborales del país y el modelo de gerencia académica que condiciona a la gestión del postgrado en las universidades venezolanas.

En el caso de la Universidad del Zulia (LUZ), tenemos una oferta de más de 378 programas de postgrados, distribuidos entre especializaciones, maestrías, doctorados y postdoctorados en todos los núcleos y facultades. Cada uno de estos componentes tiene peso propio y demanda cambios y la ruptura de esquemas de organización y funcionamiento.

Es muy exigente y elevada la responsabilidad de quienes administran los programas de postgrado. Debe estar siempre a prueba su capacidad y preparación para responder al desafío de formar los recursos profesionales de alto rendimiento que tanto necesita el país, con un mayor compromiso e incidencia en la acción social académica y en el impulso a la transformación de las organizaciones, de las estructuras de gobierno y de la producción del país. Allí está la esencia y el principal reto del postgrado universitario.

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