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Los profanadores por Ender Arenas Barrios

Esta semana proliferaron las denuncias de la profanación de las tumbas de personalidades como Alí Primera, Rómulo Gallegos, Isaías Medina Angarita y hasta de la mamá de Diosdado Cabello. La profanación de las tumbas no es una novedad, solo que en este régimen se abrió la puerta que legitimaba hurgar en los osarios de cualquier mortal.

El mismo Chávez inició en términos públicos, sin rubor alguno y hasta lo transmitió en cadena nacional, acompañado por una docena de sus más queridos seguidores, la profanación de la primera tumba del país, la de Simón Bolívar. No ha sido una práctica importada. Estudiantes de la Facultad de Medicina han profanado tumbas para hacerse de una cabeza, de un fémur, de una falange y dos falangetas para estudiar Anatomía I y II.

Sé de casos que por perversas prácticas de necrofilia se profanaron tumbas de cuerpos recién enterrados. Pero, la práctica profanadora se arreció con la llegada masiva de cubanos que fabricaron devotos nativos de Yoruba, entre ellos, al más insigne y constante de los devotos: Hugo Chávez, según cuenta David Placer en su libro “Los Brujos de Chávez”.

La llegada de los cubanos y su instalación en los distintos ministerios y oficinas del sector público fundó e instaló una nueva jerga, hasta el punto que el que oiga hablar a los devotos de la nueva religión practicada por funcionarios del régimen no logra entender nada. Por ejemplo: “mpenga, msunga, malafo, menga, mpangui”, etcétera. Yo les confieso que les temo a estos rituales, de hecho cuando sacaron la calavera de Bolívar me dio un escalofrío que me dura hasta hoy. Culpa de mis abuelos que me contaron historias terribles de muertos que caminaban por la casa y uno que otro muerto que asustaba a la gente que se le ocurría pasar por la cañada “Cacaito” después de la 10 de la noche. Jamás pasé por esa cañada después de esa hora y cuando pasaba temprano iba rezando diez Aves Marías y quince Padres Nuestros.

Precisamente fueron ellos (mi abuela y mi abuelo) los que me comentaron que los santeros y paleros cubanos saben lo que buscan y que el ritual que ellos hacen es oscuro, sombrío y de terror. El régimen, encabezado por el mismo Chávez se hizo secuaz de estos rituales y la profanación de la tumba de Bolívar es un evento de brujería y santería que no tuvo justificación alguna, solo sirvió para que ellos tuvieran su nfumbe (muerto) descuartizado lo cual no fue otra cosa que un horror, un supremo horror.

Ahora se sabe que el 40% de las tumbas del cementerio caraqueño General del Sur han sido profanados, bajo la mirada indiferente del alcalde Jorge Rodríguez, más preocupado por la suspensión del referendo revocatorio que por administrar con eficiencia y responsabilidad la ciudad de Caracas

No sé cuál será el motivo de la profanación de personalidades como los nombrados arriba, ellos, solo ellos, saben qué es lo que quieren. Aquellos tiempos de brujería ingenua de la colocación en una olla grande de 250 gr., de ojos de sapo, tres colitas de alacrán amarillo y una culebra siempre que sea albina para conquistar el corazón de la hembra que a uno lo trae loco, como siempre no funciona. Y es una lástima con lo que costaba encontrar la culebra albina

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