El diario plural del Zulia
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Los anuncios, por Ender Arenas

Confieso que al principio quise escuchar al presidente anunciándolos anuncios que prometió anunciar el día martes al mediodía, pero, como siempre la cadena entro, algo tarde, exactamente un día después. Llegue a sentarme frente al televisor cuando el presidente empezó hablar e hilvano, esto es un decir, un larguísimo preámbulo que resultó interminable.

En las alocuciones del oficialismo, las cosas siempre se ponen en contexto. Este es invariable: la guerra económica, la caída de los precios del petróleo, el fi n del rentismo, el Departamento de Estado, por supuesto Uribe, ahora se le agrega también Santos y Macri, en general estos son los factores que saltan invariablemente, porque de ninguna manera el gobierno, Maduro y antes Chávez son responsables de nada de lo ha ocurrido en 17 años.

El caso es que Maduro hablaba y yo iba perdiendo el interés, justo cuando llevaba dos horas y tres minutos me dieron ganas de poner la gira del Papa Francisco por México, pero un atisbo de conciencia cívica y patriota me hizo resistir y decirme tengo que oírlo, porque de lo que diga depende la vida y el futuro de la patria.

Cuando alcanzó las tres horas y cinco minutos hizo un chiste a costilla de Diosdado Cabello y le pidió a Aristóbulo que hablara mientras él iba a echar una miradita, cosa que Cilia aprobó asentando con la cabeza, porque si algo aprecia la primera combatiente es la próstata del presidente. Por supuesto no podían faltar, los insultos proferidos a Lorenzo Mendoza a quien llamó, otra vez, ladrón, mentiroso y ahora le agregó que Mendoza era bruto. Pero, en relación a esto, allí todo el mundo supo que el presidente tenía otro episodio de proyección negativa al imputarle a su nuevo mejor enemigo sus propias falencias y defectos. Yo estaba cansado, incluso me empecé a poner ronco como si fuera yo él que estuviera hablando y hablando sin parar y me preguntaba que estará pasando por la cabeza de este hombre que se acaricia el bigote, mira extraviadamente a los lados y sueltas frases que ya han sido dichas desde el siglo XIX, mientras tanto el país esperaba.

Afortunadamente, a las cuatro horas y cinco minutos dijo: “Bueno, voy a aterrizar” y yo sentí el mismo alivio que cuando viajo en los aviones de Conviasa, y al fi n dijo lo que tenía que decir: que si el aumentaba el precio de la gasolina, la de 95 octanos a seis Bs la de 91 octanos a un bolívar. En realidad eso lo esperaba todo el mundo y era necesario, pero, les confi eso que yo gemí al pensar que hasta ese día yo llenaba el tanque de mi carro con tres Bs y a partir del viernes 19 lo llenaría con 200 Bs.

Luego habló de los cambios que se iban a producir en la política cambiaria, que si el dólar preferencial va a diez bolívares, lo que si me quedó claro es que a 10 bs el dólar preferencial es un excelente negocio para todos aquellos que se han enriquecido de manera grosera. Habló del incremento del salario mínimo y de la cesta ticket, esta última mayor que el primero. Incremento que sigue siendo insuficiente para hacerse de la cesta alimentaria que esta por el orden de los 130 mil Bs.

A las cinco horas y quince minutos terminó una cadena que bien hubiera terminado en quince o veinte minutos diciendo las cosas sustantivas. Esa noche después de comerme un atún a la mediterránea me desperté con una agrura del carajo y le eché la culpa al discurso del presidente, no por lo largo del mismo sino porque el potecito de 250 grs me costó 1200 bs.

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