El diario plural del Zulia
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Leonardo Luis Atencio Finol, por César Ramos Parra

En mis 40 años como docente de LUZ (La Universidad del Zulia), he conocido innumerables personas de quienes he aprendido y con muchos, logré verdaderos vínculos de amistad y afecto. El complejo mundo universitario me ha permitido observar las diversas expresiones de la confusa naturaleza humana que se manifiesta de manera diferente, en valores y antivalores, donde todos, en una u otra forma, nos encontramos inmersos. Cada quien, en mayor o menor grado, guiado por sus virtudes e imperfecciones actúa intensamente, en la lucha incesante por su avance y realización personal. Pero la misma, no siempre ajustada a principios y valores éticos y espirituales y en muchas oportunidades, al incurrir en mezquindades y conductas lesivas a la solidaridad y el Bien Común, se hace compatible con el principio “El fin justifica los medios”, de la famosa cita del texto en latín “Medulla theologiae moralis” (1645) y cuyo autor es el teólogo alemán Hermmann Busenbaum y no, Nicolás Maquiavelo, a quien se le atribuyó.

En ese espacio de mi vida y entre esas personas, conocí a Leonardo Atencio Finol (Q.E.P.D.), cuyo desempeño observé como Presidente de CAPROLUZ, luego como Vicerrector Administrativo y quien solicitó, al ser designado Rector, mi colaboración para ejercer la Dirección de Extensión (2004-2008). Una indicación clara me hizo: “César, necesitamos relacionar a LUZ con todos los sectores de la comunidad. Que el Zulia sienta la acción de su Universidad en todos sus ámbitos, particularmente, los menos favorecidos”. Como expresión de ese deseo surgió uno de los programas universitarios inéditos y emblemáticos de su período rectoral, en alianza con el gobierno del Sr. Manuel Rosales: “El Francisco Ochoa”, el cual logró capacitar para el trabajo a cerca de 9.000 zulianos y que lamentablemente, no tuvo continuidad.

En Leonardo conocí al gerente-líder; un hombre de una personalidad que combinaba eficientemente la firmeza de sus decisiones y la humildad para consultar con sus colaboradores en una relación respetuosa, cordial, con una visión compartida y claridad de objetivos que propiciaba la conformación de un auténtico equipo de trabajo que buscaba el éxito de la gestión. Pero igualmente, una dimensión personal signada por la espiritualidad, honestidad, responsabilidad, sin ambigüedades ni posturas acomodaticias, que se manifestó sin cobardía en sus frontales artículos de opinión semanal, a pesar de su dependencia de una decisión judicial en espera. Carácter definido, generoso, cordial, alegre y siempre con una mano amiga extendida y presta a buscar soluciones a quien acudía a él. Actitud expresiva de su vocación de servicio.

Se crecía ante las dificultades. Dos de ellas fueron la firmeza con la cual abordó la toma de la Dirección de Transporte y la infamia del caso Colorama que intentó vulnerar su honorabilidad y prestigio y que la Sala Constitucional del TSJ (Tribunal Supremo de Justicia) el 17 de Diciembre del 2015, puso fin a esa querella exonerándolo de responsabilidad, al sentenciar, entre otros acuerdos: “Se confirma la decisión dictada el 26 de julio de 2013, por el Juzgado Décimo Segundo de Primera Instancia en Funciones de Control del Circuito Judicial Penal del Estado Zulia, que había decretado con lugar la solicitud de sobreseimiento a favor de los ciudadanos Antonio José Moschela González y Leonardo Luis Atencio Finol”. Decisión de una gran alegría para él. La cual, sus familiares y amigos compartimos en diciembre pasado por lavar su nombre de la injuria y el descrédito al cual pretendieron exponerlo mezquinos intereses y que lamentablemente, coincidió con las manifestaciones del deterioro de su salud, que lo condujeron a la tumba.

Así vemos lo intrascendente que resultan las luchas por el poder y otros bienes terrenales, cuando están motivadas por desmedidas ambiciones personales y no, por el deseo de utilidad y servicio a los demás. Hermano Leonardo: Tu nombre quedó limpio. Que el Señor te reciba. Te recordaremos con profundo afecto y admiración por siempre. ¡Descansa en Paz!

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