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Las relaciones sociales y sus efectos sobre la salud, por Manuel Ocando

La influencia biológica de las relaciones sociales y sus efectos sobre la salud de las personas empezó a ser estudiado por la ciencia médica hace más dos décadas. Diferentes estudios han logrado identificar el efecto de las interacciones sociales sobre el organismo humano y la forma en que una relación conflictiva puede, por ejemplo, alterar la presión sanguínea o la secreción de ciertas hormonas, haciendo que las personas enfermen o se vuelvan mucho más vulnerables a las enfermedades.

Las relaciones sociales pueden actuar como amortiguadores de las enfermedades. De acuerdo con el psicólogo estadounidense Daniel Goleman, “las relaciones no sólo moldean nuestra experiencia, sino también nuestra biología”, de modo que las relaciones nutritivas tienen un impacto benéfico sobre la salud, mientras que las tóxicas pueden actuar como un veneno lento en nuestro cuerpo.

La ciencia médica ha señalado un mecanismo biológico que vincula directamente una relación tóxica o negativa con enfermedades cardíacas, de modo que es importante prestar atención al impacto que tiene la vida social sobre el organismo humano. Esto se debe, según los hallazgos, a que en situaciones de estrés la glándula adrenal libera cortisol, una hormona necesaria para enfrentar las emergencias porque facilita la reacción del organismo ante situaciones de riesgo. Sin embargo, cuando esta hormona permanece demasiado tiempo en la sangre, los efectos sobre el funcionamiento del cerebro son nocivos.

En esta misma línea, algunas investigaciones han sugerido una posible relación causal entre la hipertensión y el trato recibido por parte de los superiores. En cierto experimento en el que se estudió la presión sanguínea de los trabajadores, se observó que quienes se hallaban bajo la supervisión de un jefe al que temían mostraban tasas mucho más elevadas en este indicador.

Con nuestra forma de relacionarnos con los otros no sólo podemos favorecer o perjudicar nuestro estado emocional, sino también producir consecuencias de tipo biológica, pues la hostilidad del uno aumenta súbitamente la presión sanguínea del otro, mientras que el afecto la disminuye.

De igual manera, podríamos intentar mantenernos apartados de aquellos que consideramos desagradables, pero mucha gente inevitable en nuestras vidas, entra también en una categoría mixta: a veces nos hacen sentir bien y otras muy mal.

Puede sonar extraño que sea así, pero resulta absurdo ignorar la importancia de las relaciones sociales si tenemos en cuenta que nuestra posibilidad de sobrevivir como especie ha dependido directamente de nuestra habilidad para comunicarnos con los otros y lograr una coordinación grupal.

Procurar tener una vida social competente, incluye percibir de manera instantánea el estado interior de otra persona, comprender sus sentimientos y pensamientos con empatía, sentir con los otros, leer las señales emocionales no verbales, así como escuchar con absoluta receptividad, armonizar con una persona, comprender los pensamientos, los sentimientos y las intenciones de nuestros semejante.

Podemos adiestrar nuestra inteligencia social. Este tipo de inteligencia que nos permite canalizar positivamente los estímulos del entorno social y conectar con los demás de forma armónica y saludable. Según los expertos, “con la inteligencia social, las relaciones en sí mismas adquieren un nuevo significado, por lo cual, se deberá pensar en ellas de modo radicalmente diferente, para que resulten benéficas ante aquellos con quienes nos relacionamos”.

 

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