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La tendencia a equivocarnos, por Manuel Ocando

El error humano es un fenómeno extremadamente común. Las personas, independientemente de sus habilidades y nivel de experiencia, comenten errores diariamente. Empujan la puerta cuando deben jalarla, cierran el auto con las llaves dentro de él, toman la salida equivocada en la carretera, pulsan la tecla incorrecta en el teclado de la computadora, equivocan el número en una llamada telefónica. “El error es un término genérico que engloba todas esas acciones en las cuales la secuencia de actividades físicas o mentales falla al intentar obtener un resultado deseado y cuando esas fallas no son atribuibles a la intervención de algún agente de cambio”, de acuerdo a la definición del psicólogo James Reason.

Si agrupáramos todos los “errores humanos” que se presentan diariamente en el planeta y cuyas consecuencias son a veces catastróficas, veríamos que tienen mucho en común y que, normalmente, hay una causa más general y más profunda que hace que cientos de miles de personas cometan sistemáticamente los mismos errores. Tal vez el hecho de que un 70 % de los accidentes aéreos esté ocasionado por “errores humanos”, o que esa cifra llegue hasta el 90 % cuando se trata de accidentes automovilísticos o laborales, no dice tanto sobre la negligencia y el descuido de unos cuantos individuos, como de fallas sistémicas que nos incumben a todos y a los que difícilmente podemos escapar.

Buena parte de lo que sabemos acerca de por qué cometemos errores procede de aquellos campos en los que las equivocaciones se cobran con vidas o cuestan mucho dinero: la medicina, el ejército, la aviación y la bolsa. Las investigaciones y los interesantes hallazgos que se han dado en estos campos nos ofrecen muchas luces para comprender nuestros propios errores. Todos tenemos una serie de tendencias muy arraigadas, en ocasiones insalvables, que nos inclinan a equivocarnos. En otras palabras, no hay nadie que esté a prueba de errores.

Muchas de las decisiones importantes que tomamos puede que sean más superficiales de lo que nos gustaría creer, puesto que nuestro juicio está lleno de pequeños desaciertos que ocurren sin que seamos conscientes de ellos. Es importante destacar el papel que la parcialidad o los sesgos tienen en la formación de los juicios humanos. La gente siempre cree que no es sesgada, aun cuando se puede documentar estadísticamente que siempre hay una gran parcialidad.

Los sesgos cognoscitivos son ciertos prejuicios, fenómenos psicológicos por lo general involuntarios que utilizamos al interpretar la información. Son tendencias generalizadas, inconscientes, que nos condicionan al intentar analizar la realidad. Al conocerlas podemos intentar no cometer estos sesgos, dado que nos pueden llevar a pensar con distorsiones, lo cual afectará a nuestras conductas y nuestras decisiones. Por lo que es muy importante identificar estos sesgos para evitar cometer errores que a veces pueden resultar catastróficos.

Son muchos nuestros sesgos, tendencias y rasgos personales que, de forma imperceptible, nos llevan a tomar decisiones equivocadas, a comportarnos de una forma que no es la que quisiéramos y, en términos generales, a cometer errores. Y si bien algunas de estas disfunciones son inevitables, porque están demasiado arraigadas en nuestro sistema nervioso o porque ni siquiera resultan perceptibles, el hecho de que muchas personas cometan un mismo error nos da una pista importante para buscar la fuente de nuestras equivocaciones y minimizar, de esta manera, los errores y los engaños que nos tiende nuestra mente.

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