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La ruta, por Ramón Guillermo Aveledo

Como un año muy difícil se nos presenta este 2017. El más difícil de nuestra historia y, ciertamente, el más difícil de estos años de extravío que han sido, para decirlo con Weber, “… este carnaval al que se da, para embellecerlo, el orgulloso nombre de revolución”.

Difícil por la anchura y la profundidad de la crisis, que ahora alcanza a todos y en todo. Nadie ni nada se le escapa a la crisis económica y social, cuya gravedad se intensifica. Y crisis política, porque de la política cabe esperar soluciones, es su función, y estas no llegan. Han faltado esos “gestos valientes” que dice Francisco.

Los cambios que hacen falta para reencontrarnos con la esperanza, han de lograrse tan pronto como sea posible. Posible es la palabra clave. Unos pueden ser inmediatos y otros solo venir gradualmente. No es verdad que querer es poder. “Lo que falta es voluntad política” es solo un lugar común para alimentar el voluntarismo y, al final, el desengaño.

Creo en reformas, no en revoluciones. Pre ero la transición, a la ruptura. Ahora, entender la impaciencia de la gente y sus motivos, es esencial para que Gobierno y oposición encaren exitosamente sus respectivas responsabilidades.

El 23 de enero de 2013, la Unidad presentó a todos los venezolanos 12 objetivos nacionales. Siguen vigentes. Respeto a la Constitución, gobierno de unidad nacional; defensa de los derechos de los venezolanos: a la vida, al trabajo, a la propiedad, a la vivienda, a la justicia, a la libertad de expresión e información, a la educación y a vivir en la Patria; defensa de la descentralización, y de la soberanía ante la inaceptable injerencia extranjera; combate a la violencia, la impunidad y el narcotráfico; restablecimiento del respeto y la confianza entre civiles y militares; defensa de nuestro petróleo, apoyo a la producción nacional, y diálogo nacional permanente entre todos los sectores de la vida venezolana.

La ruta es política, con todas sus posibilidades. Es como la vida, tiene riesgos, pero también destino. Voto, debate parlamentario, opinión pública, diálogo, protesta social pací ca. Con sentido estratégico. Es decir, con objetivos claros, coherencia, decisiones discutidas y consensuadas. El individualismo no paga.

Y la calle ciega es la antipolítica. Sea desde la inconformidad o desde el statu quo. Opositora u oficialista. Sus signos son intolerancia, intransigencia, sectarismo, violencia, simplismo, negación del otro. Vía corta y peligrosa.

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