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La necesaria negociación, por Manuel Ocando

La tolerancia es uno de los valores humanos más respetados y guarda relación con la aceptación de aquellas personas, situaciones o cosas que se alejan de lo que cada persona posee o considera dentro de sus creencias.

Voltaire escribió el “Tratado sobre la tolerancia”, donde expresaba que Dios no nos había creado para odiarnos, sino para amarnos y respetarnos. La importancia de la tolerancia radica en la posibilidad que nos otorga de convivir en un mismo espacio con personas de diferentes culturas o con diferentes creencias.

La tolerancia es la que nos permite vivir en armonía en un mismo país con personas que profesan diferentes religiones y que apoyan otras tendencias políticas. Tolerar es aceptar la pluralidad en todos sus campos y expresiones.

Sin embargo, el concepto de tolerancia en el complejo escenario nacional no está libre de grandes sospechas e interpretaciones.

Es necesario recordar que tolerar la injusticia es, de hecho, una inmoralidad. Es inaceptable que el pueblo venezolano tolere aquello que razonamos y consideramos como abusivo, errado o irracional porque una pretendida mayoría que tiene el poder se impone sobre una mayoría palpablemente empobrecida y sometida por la fuerza con las armas y la locuacidad de la demagogia.

Hablar de diálogo cuando no hay justicia es una falsedad.  Hoy más que nunca es evidente que la tolerancia requiera de la presencia de la justicia si queremos restablecer la reciprocidad y el reconocimiento legitimo en nuestro país. La tolerancia junto a la justicia, la libertad, la igualdad ante la ley, la participación ciudadana y la soberanía popular son los pilares fundamentales sobre los que debe sustentarse cualquier sistema democrático.

En Venezuela, por desdicha, el régimen comunista a los opositores no les reconoce como adversarios políticos sino como enemigos. Esto ha derivado en duros radicalismos y en una larga y penosa confrontación en todo estos años de gobierno chavistamadurista.

El gobierno, al hablar de dialogo, intenta empequeñecer la transgresión perpetuada en la cual se mantiene. Tomando en consideración la afirmación antes mencionada, es necesario construir las bases de una verdadera negociación entre gobierno y oposición, ya que como lo ha expresado Fernando Savater “se dialoga con los amigos pero se negocia con los enemigos”. Entonces no se trata de diálogo sino más bien de una franca y abierta negociación, y para sentarse a negociar, la oposición ha pedido unas condiciones indispensables y mínimas para que esta negociación sea posible, entre las cuales demandan la normalización constitucional del país, el respeto de los poderes y la atención inmediata de la emergencia humanitaria, condiciones que el gobierno hasta ahora no ha aceptado.

En Venezuela, hasta la presente fecha, la negociación constructiva entre adversarios no ha sido posible y parece que al régimen no le bastan las miles de muertes y asesinatos para entender y aceptar que el único camino hacia la paz pasa por una necesaria negociación. El establecimiento de la cultura de la paz sólo es posible en una sociedad tolerante, comprensiva y flexible, dispuesta admitir la calamitosa situación en la que se encuentra el país y aceptar los términos de la negociación planteada por voceros tanto a nivel nacional como internacional. Solo de esta manera podemos regresar a la anhelada Venezuela donde quepamos todos y donde prevalezcan la convivencia, la unidad, la paz, la solidaridad, la tolerancia y la justicia social.

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