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La mal llamada revolución bolivariana, por Manuel Ocando

El error de Chávez y Maduro, incluidos todos los dirigentes del PSUV es creer que han hecho una revolución, cuando simplemente han ganado unas elecciones, y esto no sucedió por aciertos propios sino por los innumerables errores y la arrogancia de una oposición que estaba ciega y no vio el inminente peligro que se avecinaba. Por supuesto, que los principales medios de comunicación jugaron un rol protagónico estimulando el desprestigio de los partidos políticos, columna vertebral de la democracia.

En Venezuela no ha habido ruptura revolucionaria como sí la hubo en Cuba. En Cuba el cambio fue violento y total, todas las instituciones se refundaron y hasta la fecha no hay ni oposición, ni elecciones, ni libertad de prensa, ni propiedad privada.

La particularidad de la mal llamada “revolución bolivariana” ha estado sustentada en la decisión de su líder hoy fallecido, de Maduro y de su partido de remitirse a la tutela de otro país, Cuba y de otro líder, Fidel Castro, en su afán de cumplir con la misión de instaurar una “revolución” en Venezuela. Lo que nos lleva a afirmar que en Venezuela producto de esa decisión se ha dado una relación de sujeción, de obediencia y dependencia al modelo castrista.

En noviembre de 1999 Hugo Chávez visitó Cuba invitado por el régimen castro-comunista para dar una charla en la Universidad de La Habana. En ese auditorio, el fallecido comandante Chávez expreso: “Venezuela va hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo cubano, mar de felicidad, de verdadera justicia social y de paz”.

Desde entonces han transcurrido 17 años y conseguimos hoy día pruebas incontrovertibles del cumplimiento de aquella promesa que hiciera el comandante. Racionamiento de alimentos, militarización del Estado, persecución sistemática de la disidencia, apoyo a grupos paramilitares terroristas, corrupción en la distribución de alimentos e ideologización son situaciones que acontecen diariamente por igual en la isla y en el territorio venezolano. La democracia que nuestros padres le arrebataron a la dictadura está en fase terminal como consecuencia de la instauración del modelo castro-comunista en Venezuela.

El resultado de esta imitación de la revolución cubana ha sido nefasto para el pueblo venezolano. Los controles aplicados en los últimos años son líneas estratégicas del régimen de los Castros que solo busca tener el control de la comida para manipular al pueblo y asfixiar al empresariado privado, controlar el dólar para hacer un mercado negro que los beneficie por cada importación que realizan y controlar los medicamentos como si el tratamiento de la enfermedades pudieran anotarse en una lista de espera.

La tarea más importante es crear conciencia en el venezolano común sobre la situación actual en la que se encuentra sumergido el país y salvar el barco antes de que se termine de hundir, ya que no existen esperanzas de progreso si seguimos copiando el modelo trasnochado del socialismo del Siglo XXI basado en el modelo hambreador castro-comunista, que lo único que nos ha dejado es hambre, pobreza y desabastecimiento.

Ha llegado el momento de frenar el modelo destructivo e instaurar políticas de progreso y prosperidad, incentivando la producción nacional y dándoles respaldo a los empresarios privados para que reactiven la economía con la producción y así garantizar trabajo, prosperidad y bienestar para el país.

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