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La indignación moral de la sociedad, por Manuel Ocando

La inseguridad y la negligencia, así como la ineficacia del Estado, expresan la crisis de la autoridad a nivel social y político, lo cual contribuye a generar inseguridad, desconfianza y enojo entre los miembros de la sociedad. Al principio, enojo individual pero compartido, que en un momento adquiere el carácter de colectivo y en situaciones coyunturales llega a coincidir y se expresa como indignación compartida o moral para marcar el límite tanto a los individuos o grupos que han hecho del delito una forma de vida, como a la autoridad que tolera a la delincuencia.

La rabia acumulada y la falta de castigo a los delincuentes mantienen una relación de causa-efecto, pero los linchamientos son, ante todo, una forma de señalar que los límites han sido rotos y que es necesario restablecerlos. Es decir, expresan la ruptura de los códigos morales que vinculan a sociedad y autoridad; lo que el sociólogo Emile Durkheim señaló como anomía.

El fenómeno de los linchamientos ha registrado un importante crecimiento durante los años recientes en diferentes países de América Latina; en Venezuela las cifras sobre los ajusticiamientos según la Fiscalía General de la República, llegaron a 74, de los cuales 37 han muerto y los otros 37 resultaron lesionados. De esas 37 muertes violentas, el Zulia cuenta con 17 casos. Entre marzo y abril se generó un repunte de linchamientos, sobre todo en los municipios San Francisco y Maracaibo. Esta situación obliga a reflexionar. No son muchos los investigadores que han escrito al respecto. Ha sido un tema que llena las páginas de la nota de sucesos de diarios y algunos editoriales en noticiarios de radio y televisión, los cuales hemos leído o escuchado en algún momento.

El concepto de linchamiento presente en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su edición de 1984, fijaba el significado del verbo linchar como “castigar, usualmente con la muerte, sin proceso y tumultuariamente, a un sospechoso o a un reo”. Ya en su edición de 2001, esa obra de referencia de ne esa acción como “ejecutar, es decir, ajusticiar, dar muerte sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo”.

A decir del sociólogo Monsiváis, quienes linchan “matan porque odian la impunidad de violadores, ladrones y asesinos, pero sobre todo, por el poder de catarsis de las penas de muerte”. La crisis de autoridad se expresa como un rechazo, condena y castigo de ciertas formas de delincuencia, pero el rechazo implica al mismo tiempo condena y castigo a la autoridad; es decir, se lincha al mismo tiempo al delincuente y al símbolo de la autoridad.

Académicos y organizaciones coinciden que los linchamientos se registran porque existe impunidad y una crisis de la autoridad como detonantes, que se expresa en el hartazgo de la gente hacia un Estado incapaz de resolver la seguridad de los ciudadanos.

En 2002, las Naciones Unidas expuso que los autores de un linchamiento no son delincuentes habituales que actúan de forma individual o en bandas criminales. En su mayoría son ciudadanos comunes que ingresan a la categoría de delincuentes por participar en este hecho criminal. De acuerdo a algunos investigadores, a pesar de la naturaleza fugaz, el acto violento cometido de forma ilegal confiere a los participantes una complicidad reforzada con el anonimato y que al mismo tiempo también propicia la impunidad: puesto que aun cuando son todos, ninguno es el culpable.

 

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