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La distribución igualitaria de la miseria, por Manuel Ocando

En una dura y lapidaria portada, la acreditada y prestigiosa revista internacional Time puso el foco en el desastre político, económico y social que vivimos los venezolanos. La revista titula: “Venezuela se está muriendo: el colapso en cámara lenta de un país”. Y esto no es una exageración; la gestión económica del Gobierno lleva a la ruina de un país que cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y una extraordinaria riqueza en otros recursos naturales.

Es cierto que las cosas empezaron a cambiar con su antecesor, Hugo Chávez, quien destruyó las arcas del Estado con una política populista y la creación de un gigantesco clientelismo político a través de la ilimitada aprobación de programas y subsidios, cuyo único propósito era mantenerlo en el poder indefinidamente. Fue la época de la bonanza económica en la que el precio mundial del crudo estaba por las nubes y Venezuela tenía cierto margen de maniobra hasta para regalar sus riquezas a otros países, a través de la llamada petrodiplomacia. Pero los graves problemas estructurales de la economía, las recetas fallidas del socialismo del siglo XXI y la estrepitosa caída del precio del barril de petróleo, ahora con Maduro en el poder, han hecho saltar en mil pedazos nuestra economía.

Los efectos de este modelo fracasado son más crueles, en términos socioeconómicos, debido a que la agenda política decretada por el Gobierno ha servido para descapitalizar el sector privado, lo cual ha traído un costoso daño colateral que se traduce en el franco deterioro y empobrecimiento del capital humano. Dicho empobrecimiento se observa en las estadísticas laborales por caída del empleo de mejor remuneración, empresas privadas cerradas, expropiadas y migradas al exterior, y el crecimiento de empleos no calificados (misioneros, buhoneros, supernumerarios empleados públicos) cuyos ingresos promedian salario mínimo. Este cambio social nacido en socialismo es visible claramente en los índices de igualdad que dice que en términos de ingresos somos más iguales pero más pobres por la caída del salario.

Así se tiene, por ejemplo, una sociedad de iguales como en Cuba, sistema que constituye un marco de incentivos que desestimula al individuo al trabajo creador, puesto que la revolución busca transformar al individuo en un asalariado del sector público, que lo transforme, políticamente, en régimen de servidumbre a cambio de un salario real promedio.

Venezuela se derrumba en la permanente cola del hambre y de miseria, golpeada brutalmente en el estómago y el bolsillo, por un grupo de farsantes que en nombre de un populismo disfrazado de izquierda empobrece cada día más al pueblo venezolano, creándole falsas expectativas, cuya única estrategia política para controlar a todo el país ha sido el engaño, pero ya el pueblo venezolano los ha desenmascarado. El chavismo será recordado tristemente en el mundo como autor de un milagro económico a la inversa, de los que se registran muy pocos en la historia universal de los pueblos, haber convertido en país miserable el más rico país de América, hazaña que no es poca cosa ni se logra todos los días.

 

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