El diario plural del Zulia
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La casa de Tarek, Los Verdes, El Saladillo…, por Vladimir Villegas

El hogar es sagrado. La familia es sagrada. Los niños son sagrados. Hasta las mascotas deberían serlo. Lo contrario es salvajismo, barbarie, inhumanidad, brutalidad y todas las palabras que sirvan para describir lo que rompe moldes difíciles de recomponer o derrama líquidos (muchas veces sangre) imposibles de recoger. Tengo que repudiar por convicción de vida que la casa materna o incluso la casa donde habita un dirigente político, del partido que sea, o un funcionario público, del rango que sea, se convierta en objetivo para el hostigamiento. Aunque sea el más “zanahoria” de los ataques. Eso es sencillamente hacerle concesiones al golpe bajo, a la miseria humana, al revanchismo y a las ganas que no pocos tienen de que Venezuela pase de ser una República a una plantación en llamas. Por eso rechazo lo ocurrido en El Tigre frente a la casa de los progenitores de Tarek William Saab. Por fortuna no ocurrió nada que lamentar, en términos de lesiones personales. Esa acción y toda la que se le parezca merece mi repudio.

He sido amigo de Tarek William Saab, con quien he compartido largos años de lucha. Hoy nos separan hondas diferencias políticas. Soy, y él lo sabe, profundamente crítico de su gestión. No ha estado, según mi humilde opinión, a la altura de lo que, al menos yo, que he conocido su intransigencia en el pasado en materia de denuncias de abusos contra los Derechos Humanos, esperaba en una coyuntura como la que vivimos. Pero repudio que la inconformidad con sus acciones u omisiones sea una licencia para legitimar el acoso a un hogar. No me lo trago. Por la misma razón no me trago lo ocurrido en las torres Los Verdes de El Paraíso, ni en las Torres El Saladillo, en el estado Zulia, por citar solo dos ejemplos de muchas cosas terribles que generan estupor. No hay justificación alguna para que decenas y decenas de hogares vivieran un asalto aberrante como el que sufrieron. Destrozo de bienes comunes, de costosa reparación, como ascensores, rejas, alumbrados. Puertas tiroteadas. Allanamientos similares a los que sufrían los ciudadanos que se atrevían a enfrentar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Con la diferencia de que los esbirros de ese tiempo focalizaban su búsqueda. Un desalmado funcionario no tuvo compasión y le disparó a un infortunado perrito que pasará a la historia como víctima de ese bellaco con licencia para matar.

Estamos llegando a extremos que pueden costarnos caro. Los vecinos de Los Verdes de El Paraíso y de Las Torres El Saladillo, en el Zulia, probaron en carne propia lo que significa el abuso de autoridad, el irrespeto a los derechos y garantías constitucionales, por los cuales tanto nos batimos Tarek William Saab, este servidor y numerosos luchadores por la defensa de los Derechos Humanos en distintas épocas. Hay su ciente material audiovisual que muestra la saña con la cual actuaron los autores de esas tomas por asalto, funcionarios de diversos cuerpos de seguridad, donde había familias enteras muertas de pánico, entre ellas niños y ancianos. En caso de que, como lo anunciaron, efectivamente hubiesen individuos involucrados en hechos contra la ley, no justifica actuaciones escandalosas como las que tuvieron lugar tanto en El Paraíso como en El Saladillo.

Ahora bien, con todo el afecto y el respeto a Tarek (William Saab), debo decirle, sin más ánimo que el de pagar tributo a la sinceridad que ha caracterizado nuestro trato desde hace más de dos décadas, que me habría gustado verlo en persona tomando nota de las barbaridades que ocurrieron en estos conjuntos residenciales. Y por supuesto que también me gustaría verlo recibiendo a manifestantes en la calle o en su despacho, al calor de la protesta. Aún estás a tiempo. Ello te daría mucho más fuerza para condenar acciones indebidas y repudiables contra tu familia y contra quienes tienen identidad política e ideológica contigo. Y sobre todo, para hacer tu trabajo. Siempre estaré ahí para rechazar cualquier abuso o intento de agresión, del tipo que sea, contra tu familia, y sobre todo contra tu señora madre, por quien, como lo sabes, siento un gran aprecio y permanente consideración.

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