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La agricultura es un negocio, por Werner Gutiérrez Ferrer

Esta afirmación, ha sido satanizada en Venezuela durante los últimos 17 años. La negativa por parte de quienes dirigen las políticas nacionales a aceptar que como actividad económica, es necesario garantizarle un margen de rentabilidad adecuada a nuestra agricultura, ha conducido al fracaso del modelo agrícola actual.

Estamos a las puertas del inicio del ciclo de siembra de invierno, donde se establece el cultivo más importante de la agricultura vegetal de Venezuela, el maíz. Nuestros agricultores, han presentado en reiteradas ocasiones sus estructuras de costos, objetiva y técnicamente calculadas, pero no han recibido respuesta oportuna a sus solicitudes de fijarles “un precio justo” por sus cosechas, que les garantice rentabilidad a su actividad, lo cual crea desestímulo y desinversión en nuestros campos.

La siembra del maíz depende de los cambios en las condiciones climáticas, principalmente lluvia o sequía, por ser una agricultura de secano, por lo que el riesgo a perder el capital invertido es muy elevado. A esto hay que sumarle el incierto futuro de un agricultor al iniciar sus siembras por posible presencia de plagas, enfermedades o malezas.

Para el 15 de abril, agricultores de Portuguesa estimaban que producir una hectárea de maíz tendría un costo de 220.000 Bs. por lo que han informado la necesidad que el Gobierno nacional tome como “precio justo de referencia” para su grano, tanto para el maíz blanco, como para el maíz amarillo, 90 Bs. el kilogramo.

La demanda anual en Venezuela es de 1.400.000 toneladas de maíz blanco, y de 2.500.000 toneladas de maíz amarillo. En promedio el 70 % de los requerimientos de este cereal se suplen con importaciones, cuando hemos demostrado en el pasado tener la capacidad de autoabastecernos de maíz blanco, y disponemos igualmente de las tierras y la disposición para lograrlo, del grano amarillo.

Hemos insistido desde hace ya varios años la necesidad de rectificación en las políticas desacertadas que se vienen aplicando en el país. En momentos cuando no disponemos de divisas, para continuar importando este cereal, toman mayor vigencia nuestras advertencias. La única vía posible para garantizar los alimentos a nuestro pueblo es recuperando nuestra agricultura y ganadería. Del Gobierno depende el aceptar su fracaso, y reconducir al país a través de un nuevo modelo hacia la verdadera seguridad y soberanía agroalimentaria.

Necesitamos alcanzar la meta de 1.000.000 de hectáreas cosechadas de maíz, para ello disponemos de 34.000.000 de hectáreas de tierras disponibles, y contamos además con el conocimiento y el compromiso de un inmenso grupo de valientes hombres y mujeres que solo piden acceso a los insumos y reglas claras, dentro de un modelo e ciente. ¡Sí se puede!

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