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Jorge Luis Fernández // Un castillo de naipes se desmorona

Venezuela se encuentra en un estado de primitivismo social, marcado por una involución de valores donde no se ha modelado la conducta del ciudadano común.

La denuncia ciudadana se ha perdido en Venezuela; mientras que el venezolano sienta que hay intocables – en la administración pública-, no nacerá la confianza. Es allí donde el único ganador resultará ser el crimen.

El primitivismo es contagioso; en temas de políticas públicas hace estragos en la estructura institucional, económica y en el área de la salud.

Este fenómeno significa que el Estado ha apartado su política del progreso, y por ende el conglomerado se convierte en una sociedad que no confía en sus autoridades, observando en el crimen, un oficio rentable.

A todas luces, el carácter económico del hecho delictivo, resulta ser el desencadenante –en el mayor de los casos- lo que orienta la conducta ciudadana a consentir los fines utilitarios del delito, siendo que un sector de la población, no podrá satisfacer las necesidades básicas de su cotidianeidad, por no encuadrar su conducta dentro de los paradigmas societarios que le excluyen de un sistema –Statu quo– que le dicta el modo de vida que debe seguir.

Es importante resaltar además, que el país necesita rescatar la confiabilidad en el sistema de administración de justicia así como, restablecer los lazos de cooperación internacional en la lucha contra el crimen trasnacional, esto, es pues, en alusión a los países vecinos, como Colombia y Brasil, en cuyas fronteras, tenemos una notoria enemistad con las autoridades de inteligencia de estos países.

El aniquilamiento

En palabras del lustre filósofo Ho Chi Minh, quien fuera asiduo visitante de las cárceles francesas en su nativa Indochina durante el siglo XVIII (1789) y principios del siglo XIX (1815), dijo con razón que “cualquier tiempo en la cárcel es mucho”, espejando una concepción deontológica que giraba entorno a los principios universales que conocemos como libertéegalitéfraternité (Libertad, Igualdad y la fraternidad); siendo una acepción referencial para el resto del planeta, pero que tuvo sus cimientos en el desmontaje de los factores de poder que lucían enquistados en la monarquía francesa.

En Venezuela no es distinto. Resulta abrumador que la política de estado haya maximado el Derecho Penal, a tal punto de hacer de este, la panacea de todo acontecimiento sociopolítico en el marco de la crisis que permea la calidad de vida de los venezolanos, utilizando como mecanismo de control social, la intimidación policial contra cualquier manifestación disidente.

La utilización de los recintos carcelarios como depósitos humanos para mitigar el pensamiento libre y universal, exacerba el problema en estudio, germinando la semilla de la venganza en el corazón inocente de quién fue trastocado por la justicia amañada de turno, lo que genera un sentimiento colectivo de buscar hacerse justicia por mano propia, que es justo lo que ocurre hoy en nuestro diarismo.

En palabras de la ilustre precursora de la criminología crítica en Latinoamérica, llegando a ocupar el cargo de Gobernadora del estado Zulia, Dra. Lola Aniyar de Castro, en una de sus múltiples y acertadas disertaciones afirmó que “La pobreza no causa delincuencia, sino personas vulnerables a ser criminalizadas y encarceladas. Y todo el problema de la justicia penal y el control social no es más que unproblema político”.

Ciertamente, la pobreza genera los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades individuales y familiares, lo cual podría desencadenar en estados emocionales llegando hasta sentimientos de inferioridad, los cuales estarán acompañados del etiquetamiento o labelling Approach que podrían desembocar en la comisión de alguna conducta tipificada por alguna ley penal, como ya explicamos anteriormente.

Ciclo electoral 

Un venidero proceso de elecciones para renovar poder legislativo electo el pasado 6 de diciembre de 2015, es sin duda, una vía política que busca amalgamar los polos opuestos para destrabar el juego e impedir cualquier aventura internacional que ponga en riesgo la soberanía o el orden interno del país. Sin embargo, el desgaste de los personeros de ambas escuadras políticas, los fallidos intentos del pasado y la satanización del proceso electoral, ponen en tela de juicio una fructífera resolución del conflicto, debido a los antagonismos que adornan la mesa.

En consecuencia, todos los venezolanos debemos abrir senderos de unión, para ir hacia la construcción de políticas asertivas que coadyuven con el cambio político que el país demanda, dentro y fuera del territorio nacional, para recuperar el sentido de pertenencia y la conciencia nacional.

No queremos políticos infalibles, al contrario, buscamos enervar las potencialidades de una juventud predominante tanto en el exilio como en el país nacional, por lo que la política debe reinventarse y es a esto, a lo que apuesta la presencia de la juventud en todos los espacios del sistema político, si queremos salvar a nuestras generaciones del aniquilamiento y del derrumbe del castillo de naipes, donde se sostiene el ordenamiento jurídico venezolano.

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