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Jorge Fernández // Ser Abogado es un acto de rebeldía

El término abogado viene del latín advocare/advocatus. El primero, entre sus múltiples definiciones, significa “congregar, interceder”. El segundo, deriva de ad auxilium vocatus, “el llamado para auxiliar”, conceptos a los que más que nunca debemos darles sentido. Ya en la primera mitad del siglo XX el gran jurista uruguayo Eduardo J. Couture señalaba en su decálogo, o conocidos “mandamientos”, que “la abogacía es una ardua fatiga puesta al servicio de la justicia”.

Lo anterior nos llama con fuerza a estar presentes ante esta crisis apoyando a las personas, despejando dudas, logrando que quienes puedan verse afectados por la pérdida de empleos, incumplimientos de obligaciones o múltiples situaciones adversas, que tal vez aún no conocemos ni imaginamos, busquen la justicia privilegiando los acuerdos, evitando radicalizar las controversias y, por ende, su judicialización.

Couture agregaba que “el deber del abogado es luchar por el derecho, pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia”. Vendrán tiempos en que esta frase sea utilizada más de lo que pensamos y relevará el aporte que los abogados y jueces hayamos podido efectuar en la solución de las controversias y, especialmente, con énfasis en la armonía propia de los acuerdos inspirados en la justicia. Ahora, y en los tiempos que se vienen, será el momento de los acuerdos buscados y alcanzados de buena fe. Tal sería una invaluable contribución de abogados y jueces a la ardua tarea de reconstrucción de la paz social que tanto necesita nuestro país.

Todos los 23 de junio se conmemora el Día del Abogado o Abogada en Venezuela, fecha seleccionada como efeméride por ser el natalicio de Cristóbal Mendoza, doctor en Derecho Civil y Canónico y primer Presidente Constitucional de la República de Venezuela en 1811. Sin embargo, para nadie es un secreto el actual contexto que se vive en el país en cuanto a la denegación de la justicia y agravamiento del respeto por los derechos humanos de la ciudadanía. Por todo esto, profesionales del derecho involucrados en el activismo y la defensa de los derechos humanos aseveran que ejercer esta carrera es un reto constante pero indispensable para lograr y garantizar justicia.

Por ende, en ese camino arduo, donde debe combatir contra la denegación de justicia, el científico del derecho debe ser debe disponer de una serie de habilidades fundamentales para la mejor ejecución de su actividad, cualidades que podrían dividirse en: físicas, intelectuales, estratégicas, morales, etc. competencias sin las cuales difícilmente podrá alcanzar sus objetivos en el foro.

Debe de ser, sobre todo, estudioso. La defensa del asunto y su exposición en sala requiere siempre el conocimiento de las normas, doctrina y jurisprudencia aplicable al caso, ya que en la fase de informe o conclusiones deberá razonar debidamente su petición. Por lo tanto, el estudio del caso con el análisis contrastado de los hechos, la forma de acreditarlos a través de las pruebas necesarias y la aplicación del Derecho, son elementos esenciales que deben estar siempre presente en la formación del abogado litigante.

Vinculado a lo anterior se encuentra la constancia y disciplina. La constancia es la virtud que nos lleva a que, una vez tomada una determinación o decisión concreta, se lleve a cabo lo necesario para alcanzar las metas propuestas aunque surjan dificultades externas o internas o disminuya la motivación personal, gracias a un esfuerzo continuado para pasar a la acción venciendo las dificultades. Sin disciplina será difícil la preparación de un juicio, máxime cuando es imprescindible un estudio y planteamiento bien gestionado del caso, y, qué duda cabe que durante su preparación surgirán dificultades y adversidades, como por ejemplo los imprevistos o la acumulación puntual de trabajo.

Ser organizado es igualmente una habilidad esencial para el letrado. Al conocer con la suficiente antelación la fecha de su intervención judicial, éste tiene que organizarse cuidadosamente para preparar las dos fases fundamentales del juicio: práctica de la prueba y conclusiones. Para ello, deberá saber manejar criterios de organización y gestión del tiempo estableciendo los hitos temporales para la preparación del caso. No hay nada más perjudicial para un abogado que prepararse un juicio el día antes de la vista, pues el riesgo de fracaso es altísimo.

Ser abogado también implica contribuir en dar a conocer donde inicia el acceso a la justicia, a efecto de materializar que las personas, en todos las ciudades de Venezuela , puedan acceder sin inconvenientes, sin obstáculos al poder judicial”, “a reclamar justicia y que los magistrados puedan brindarle a las personas una respuesta en el marco de la Constitución y la ley” tomando ese comentario como punto de partida, el acceso a la justicia es un principio básico del estado democrático, siendo este el derecho que tienen las personas a acceder a las herramientas y mecanismos legales para que se le reconozca y protejan sus derechos, este principio garantiza que las personas puedan asistir a un juzgado y puedan solicitar la satisfacción de sus peticiones en base a ley, también reclamar que se protejan sus derechos todo esto sin importar su estatus económico, social, político, migratorio, racial, étnico o de su filiación religiosa, identidad de género u orientación sexual.

¿Cómo puede existir un mecanismo judicial si ni siquiera es considerado como una opción?, si no es tomado en cuenta como una opción por el sujeto, es como que no existiese por lo tanto no tendríamos allí acceso a la justicia, la intención de acudir a la instancia para que el derecho sea tutelado no es suficiente para darle vitalidad al principio que hemos mencionado, para que tenga vida, la persona usuaria de la administrción debe estar convencida de que en esa judicatura se le puede atender y abrir las puertas para la solución a su problema, sin ese convencimiento el acceso a la justicia no se llegaría a cristalizar en algo real, en síntesis es necesario tener instituciones sólidas integradas por abogados que proyecten ante la sociedad un cara de justicia pronta y eficaz sin sesgo de ningún tipo, accesibles y de apertura sin importar quién y para que, una casa impartidora de justicia que con solo el hecho de pensar en acudir a ella se tenga la certeza de que en ese lugar se le reconocerán sus derechos o se le aplicara una panacea a su problema jurídico; el gremio debe reflejar credibilidad y disponibilidad, cuando la institución goza de esas y otras características automáticamente le estamos dando acceso a la justicia al usuario, por el hecho de que se le está haciendo saber que existe un mecanismo efectivo y abierto, una herramienta real y tangible que va más allá de un nombre, que con solo pensar en su credibilidad se está teniendo acceso a una justicia verdadera y capaz.

Por lo tanto es menester del Abogado en libre ejercicio y el funcionario público judicial, trabajar para propiciar una imagen ecuánime del gremio y las instituciones de justicia, al fin y al cabo los juzgados, fiscalías, oficinas policiales son solo inscripciones, las personas que en ellas laboran son las que le dan un grado de confiabilidad y genuinidad a los principios que en ellas se profesan, los principios judiciales nacen en el pensamiento, sobreviven de la aplicación y se alimentan en los hechos dejando como resultado confianza en las instituciones que los promueven, y eso conlleva a un acto de carácter y rebeldía total en los tiempo actuales.

 

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