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Jorge Fernández // El país político y el país nacional

Sobre un recordado cataclismo social se erige una distinción propia de reconocimiento, que hoy nos emplaza analógicamente a mirar hacia el pasado de una sociedad muy cercana a la nuestra, donde se acuñó el término, “País político y País nacional”, como catalogaría un conocedor de la materia en la Colombia agitada de los años 40; Jorge Eliecer Gaitán. Lo poderoso de esta frase acuñada, sería digna de análisis constituyentes de un gran conflicto entre las oligarquías conservadoras y liberales de la nación vecina.

A Gaitán esas palabras lo llevaron a la muerte siendo asesinado un 9 de abril mientras se llevaba a cabo un acto público, originando el “Bogotazo “ de 1948, convirtiéndose en la sublevación de la sociedad contra el ordenamiento imperante en la época, conflicto que se extendería por los próximos cincuenta años.

La frase que inmortalizó a Gaitán, la tomaría de su mentor, un profesor de derecho penal en la universidad Real de Roma, Enrico Ferri, quien había sido militante socialista devenido al fascismo Mussoliniano.

Sobre la base de ese postulado, hace la distinción, entendiéndose como “país político” el que está integrado por políticos profesionales más ocupados de sus privilegios e influencias, por personas cuyos negocios dependen de “la política” o del Estado y su administración partidista, así como sus “clientelas” que viven de empleos o relaciones con funcionarios públicos.

En cuanto al “país nacional”, este es el ciudadano de a pie, el pueblo, que piensa en su rutina, la salud, el bienestar, su cultura. Por eso se consideraba parte integrante del “país nacional”, aun cuando declamaba la necesidad que el “país político” reconociera la penurias y necesidades del “país nacional” y se sumara a ellas.

Valga la referencia histórica para retratar lo que en estos momentos se vive en la palestra pública nacional venezolana, donde un “país político” que se mueve en torno al gobierno sobrevive, mientras la oposición debate la hoja de ruta para las venideras elecciones de la Asamblea Nacional como representantes del “país nacional” en las elecciones programadas por el Consejo Nacional Electoral para el próximo 6 de diciembre.

Es notorio el deterioro que vive Venezuela en todos sus frentes básicos, electricidad, agua,inflación, salud, educación, desigualdad, inseguridad y desempleo. Un gobierno que camina al filo de la corniza democrática tratando de imponer un modelo centralista, que además posee recursos descomunales y de gran reserva que se enfrenta a una oposición heterogénea, con profundas diferencias, con miras a integrarse, perdiendo liderazgo y peso a nivel comunicacional, cuyo plan país sigue sin rumbo.

Vale resaltar, que ambas esferas del “país político” presentan como problema estructural, la no movilización de masas, donde pierde fuerza la defensa de la ideología, donde se produce un divorcio entre los partidos y el electorado, que se hizo más notorio con el auge de la pandemia
que permea las posibilidades de una contienda electoral de continuar el panorama de contagios.

Lo cierto es que el delicado e imponderable risco de la consulta o del sondeo público, hubiese sido atractivo para esa conformación del “país nacional”, uno que movilizado en la calle sin distingo político-partidista, representa el 60% del universo electoral, que está al margen de los acuerdos y que defiende celosamente el escrutinio, preguntándose como sociedad y “país nacional”, si los políticos ¿Estarán interpretando el reclamo popular? La suerte está echada.

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