El diario plural del Zulia

Jairo Silva Gonzalez // Doña Eva Sijuuna

Hoy hace cuatro años Mamá, te despediste de nosotros, transitaste al encuentro inexorable con nuestros ancestros, esa madrugada Maleiwa (Dios todo poderoso) y la Chinita te rodearon para conducirte al empíreo, desde donde sigues iluminando mi sendero. También nuestros ancestros cercanos y nuestros ancestros remotos, esos que atravesaron el estrecho de Bering, como nobles serafines te dieron la bienvenida. En el momento de tu partida aunque parezca una paradoja, comenzaron a salir las estrellas, la madrugada se hizo bella, la luna se tornó plateada, se escuchó una voz del más allá, haciendo la madrugada misteriosa, pronunciando tu nombre, anunciando al universo tu cambio de paisaje. Buen augurio ampliado por las luciérnagas que revoloteaban en el patio de tu casa.

Todavía conservo en mi memoria cuando en una ocasión Papá tuvo un accidente de tránsito, me viste llorar y me dijiste “mírame, los hombres de esta familia no lloran, carajo”. Pero en esa madrugada cuando en mis brazos te dormiste para siempre, no pude contener dos lágrimas grandes, pesadas que tardaron una eternidad en caer al suelo, lágrimas que aún se notan en mis ojos, lágrimas que aún se notan en mi rostro y no he podido secar.

Siempre recordaré tu cara risueña y el amor infinito por tus hijos, como olvidar tu trato afable, desinteresado a todo aquel que acudía a ti solicitando socorro y cumpliendo con tu gran misión filantrópica en la tierra, lo hacías de manera sutil y diligente. Imposible de olvidar aquel apotegma tuyo que diariamente me decías “Estudia mucho para que seas útil a la sociedad, a tu pueblo, a mi pueblo, a nuestro pueblo Indígena”.

Cada vez que voy a nuestra tierra Guajira donde naciste, miro hacia arriba, contemplo el firmamento tupido de estrellas y me imagino cosas tan bellas, hermosas, me atrevo a contar las estrellas hasta que veo una inmensa, brillante como un diamante, me imagino que esa estrella eres tu Mamá, porque fuiste una mujer rutilante, cariñosa, de buenas costumbres y de sólida postura moral. No hubo contumeria que impidiera lograr tus deseos, criaste junto a papá a 10 hijos, todos hombres y mujeres de bien, cinco de nosotros con Título Universitario. Si yo tuviera el poder de devolverles la vida, haría que se conocieran, que se volvieran a enamorar y al poco tiempo volvería yo a nacer.

Sigo caminando y mirando al cielo, oigo cantar a las aves en la sabana, la fauna coquetea al viento enamorado, llego a la playa, observo burbujas que se deslizan locas, acariciando las rocas formando cascadasen aguas cristalinas, yo soy feliz porque siento tu sagrada presencia.

Aquella madrugada de Septiembre quise desafiar al universo, quise ser controverso a la ley de la vida pero una voz me dijo: “Los designios de Dios son de Dios”, comprendí que tu viaje eterno es natural. Rememoro cada mañana de mi vida, tus indelebles recuerdos fijados en mi memoria como un cuadro pincelado por Da Vinci y tu imagen escupido por Miguel Ángel, sirviendo amorosamente el desayuno y arengando para que descolláramos en nuestras notas estudiantiles, y en nuestras vidas.

Como no decir que tu presencia física me hace falta, escuchar tu voz, ver tu rostro era todo un poema escrito por Miguel Ángel Asturias y toda tu vida larga y fecunda prosada por el gran Gabriel García Márquez.

Cada día tengo fresca reminiscencia de tu labor diaria, parecías una escultora tallando con filigrana diez piedras, con cada cincelada dejabas una estela de conocimientos, como Platón heredando a Rene Descartes,  también dejaste ejemplo de comportamiento moral, abriendo camino para nuestros éxitos, para la solidaridad, una vez me dijiste: “ Tenéis dos pares de zapatos, dale un par de zapatos al muchachito de la casa de al lado, porque ese niño no tiene zapatos”, esa orden tuya es una demostración contundente de tu alto concepto de solidaridad, de tu sentido de responsabilidad social, de tu noble sentimiento para socorrer al menesteroso.

Dile a tus Ancestros que nuestra cosmogonía, nuestra mitología, nuestros cuentos y nuestras leyendas semejan a la Teogonía de Hesíodo, como por ejemplo, la similitud entre WALEKER (diosa tejedora wayuu), quien se pasaba todo el día tejiendo, así como lo hacía Aracne (diosa tejedora griega), según la mitología las dos eran mujeres hermosas, de cabellera larga y oscura que con sus dedos hacían tejidos de espectacular belleza, imposibles de parangonarse con ningún otro.

Mamá pareces una flor silvestre en el Olimpo de los dioses, sales cada mañanita, llegas a mi balcón para guiarme, como Atenea despejaba de obstáculos el camino de Cronos.

El día que te llevamos a nuestra querida guajira, se paralizó todo el barrio ziruma, una gran multitud te acompañó, testimoniando un  agradecimiento eterno, el amor y el respeto que todo ziruma te tuvo, te tiene y te tendrá.

Es un gran honor ser tu hijo, he vivido con la dignidad y con el decoro, como patrimonio heredado de ti. Mamá te quise, te quiero y te querré por siempre.

Acércate con tu bendición divina.

Bendición mamá.

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