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Jaime Kelly “Corona de rosas”

Hermanos, estamos en el mes del Santo Rosario, oración poderosa para vencer toda adversidad y lucha contra el mal. Con el rezo del Santo Rosario meditamos la vida de Jesús, acompañados con la Virgen María, la persona y el amor que vivió más de cerca cada misterio, acontecimiento de quien por Gracia Divina, entregó su vida como oblación, ofrenda, sacrificio y promesa de salvación.

En los misterios del Santo Rosario recorremos la vida de Jesús, desde su nacimiento, misión, pasión y muerte, hasta su triunfante resurrección, ascensión al cielo, con la promesa del Espíritu Santo, y la honra y honor a nuestra Madre la Virgen María. Es un recorrido de gozo, luz, dolor y gloria, y en él podemos ver reflejada, con cada misterio, nuestra vida, cada situación o sentir particular.

Con el Santo Rosario, bien meditado, bien rezado, centrados en cada acontecimiento y/o episodio de la vida de Jesús, acompañándolo o viviéndolo como nuestra Madre la Virgen María, nosotros podemos entretejer una hermosa, gloriosa y perfumada “Corona de Rosas”. Que con cada Ave María podamos sustituir cada espina punzante y dolorosa de la corona que nuestro Señor Jesucristo recibió y recibe aun hoy en día cuando rechazamos, olvidamos o hacen caso omiso de sus enseñanza, negando con ello su señorío y majestad en nuestra vida. Dice la Palabra de Dios: “…para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para Gloria de Dios Padre” (Fil 2,10-11).

Jesús es nuestro Señor, salvador, mesías y rey, y al meditar su vida con amor y pasión, le reconocemos a Él y lo que Él ha hecho por nosotros. Con esa Corona de Rosas, no solo reparamos las ofensas a nuestro Señor, la negación, el olvido, la indiferencia de quienes, afanados por los quehaceres del mundo tan agitado, se olvidan del in nito amor de nuestro Dios; sino que además le rendimos honor y gloria.

Con cada Ave María vamos formando un Círculo de Amor, en el que vamos introduciendo o rodeando toda situación que nos oprime. Con en esa hermosa oración, que por ser repetitiva cobra fuerza y méritos ante el Trono Celestial, envolvemos toda intención.

Hermano, introduce en ese Círculo de Amor, de esa Corona de Rosas, tus aflicciones y tus sueños, así como también las de aquellas personas a quienes amas, y verás con qué suavidad y prontitud nuestra Madre alcanza del Trono Celestial, como la hija amada del Padre, la madre amorosa del hijo y el trono glorioso del Espíritu Santo, el vino de la Alegría para el contento de tu vida, porque, en palabras de san Juan Pablo II : “El Rosario es y seguirá siendo una oración de reconocimiento, de amor, de súplica confiada de la madre de la Iglesia”. Y alcanzaremos como dice la Palabra: “Para que de la tierra saquen el pan y el vino que alegra el corazón del hombre. (Sal 104,14b y 15). Reza el Rosario , en familia, como Iglesia, y alcanzaremos de Dios, Gracia y le dará a nuestra vida, color y olor a Cristo, alegría para la vida, de la Mano de Nuestra Madre María.

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