El diario plural del Zulia
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Ismael Mercado // El arte de perder

“Nunca pierdo, o gano o aprendo”. Nelson Mandela.

Desde pequeño siempre nos enseñaron la importancia del éxito en la vida, como el ganar era un aporte más a nuestra escalera de éxito, una frase que nunca me ha gustado es aquella que dice “Lo importantes no es ganar sino competir” yo creo que todos los que competimos en algo o estamos haciendo viva permanente, planeando, fijando objetivos y no sobreviviendo, queremos ganar, y creo que ecológicamente no debería ser pasando sobre cualquier cosa, sino centrado en no dañar a nadie.

Ganar tienen muchos amigos, glorias y placeres, pero en las sombras está el perder, sin amigos ni gente que lo quiera tener a un lado, de niño nunca nos enseñaron y de adultos no nos preocupamos a manejar la frustración de perder, Tony Robbins en uno de sus libros decía que

“El éxito se centra en la capacidad que tiene una persona de reencuadrar los no que les de la vida, para seguir en búsqueda de un sí”.

¿Has pensado cuál fue tu última perdida?... Muchas veces nos llenamos de expectativas que, al chocar con la realidad, se produce una crisis, ¿Cómo manejamos la pérdida?   He leído de muchas personas que se han sumergido tanto en la perdida que no logran levantarse, se quedan hundidos y pierden su capacidad de poder ver las vidas desde otra óptica, a veces creo que esto pasa porque siempre nos han dicho que debemos reprimir nuestras emociones y nos mostrarlas porque sería dañino hacerlo o porque la sociedad no lo permite, cuando realmente mostrarlas y saberlas canalizar nos brinda la oportunidad de ser emocionalmente inteligentes.

La pérdida es una herida y necesita cicatrización.

Cuando perdemos pasamos por varias etapas:

Negación:

“No puede ser” “como paso” “no es justo” “yo que luche tanto” … son frases que algunas veces nos hemos dicho, ser incrédulos ante lo sucedido es el primer golpe emocional que recibimos, pero la negación es la primera barrera que pasamos, para digerir la perdida. Negar es una manera de decirnos que no estamos preparados para asumir lo sucedido. En esta etapa muchas veces no escuchamos, no entendemos ni pensamos.

Enfado:

Lo primero que debemos hacer ante el enfado es reconocerlo y aceptarlo. Pedir ayuda nos puede impulsar a nuevos caminos, cuando estamos en el fondo del agujero, nos damos cuenta que podemos utilizar la rabia como un arma de supervivencia, pero si nos quedamos con ella puede machacarnos el alma.

Buscar el equilibrio:

Es el momento en el que empezamos a mirar por encima del bosque para revertir la situación, miramos diferentes aristas y pensamos en soluciones, esta etapa debe ser corta ya que de quedarnos pensando no brinda resultados efectivos.

Miedo o depresión:

De tanto pensar nos embarga la incertidumbre ante el futuro y el miedo ante el pasado, repetimos en nuestras cabezas frases que nos pueden debilitar, es aquí donde debemos centrarnos en el presente y en las herramientas que tenemos a mano para actuar.

Aceptación:

Este es el último paso del duelo, quizás no sea fácil aceptar, pero en ocasiones es más fácil que entender, es darnos cuenta que cada piedra que encontramos en la vida va labrando el camino, y que desde esta etapa podemos planear y construir una vereda de éxitos basado en diseñar paso a paso lo que se quiere.

Como adultos tenemos que aprender hacernos responsables de las situaciones en las que nos encontramos, si perdemos, podemos ganar aprendiendo la lección y si ganamos podemos pasar a un segundo nivel, la vida se construye en base a historias entre aprender y desaprender, si continuamos siendo el observador de nuestra historia y no el protagonista, viviremos siempre en la banca del juego, porque en la vida, el que no hace goles los ve hacer.

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