El diario plural del Zulia

Ismael Mercado // ¿A quién escuchamos?

Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.

Aristóteles

En nuestra sociedad es común escuchar de familiares, amigos y parejas las quejas y críticas de lo que hacemos, si nos salimos de sus estándares, ya que, si algo tiene la sociedad es que juzga a quien lo hace diferente. Por lo general, dejamos que la imprudencia sea la bandera para hacer un comentario, o nos escudamos en lo que hemos estudiado para decir lo que el otro puede o debe hacer.

Estudios científicos nos demuestran que aquellas palabras que escuchamos en nuestra niñez forjan parte de nuestro carácter y virtudes, de allí que hoy actuemos y hablemos de la manera que lo hacemos; no obstante, también es cierto  que otros estudios demuestran  que “el modo fijo de pensar" no tiene evidencia científica y que nuestra conducta y carácter puede empezar a cambiar si así lo deseamos.

Cuando somos criticados desde niños forjamos una conducta débil, resentida y tímida ante cada situación. La timidez no permite establecer límites ante abusos (verbales) por parte de amigos, compañeros de trabajo y pareja, así como no atrevermos a hacer lo que  queremos. Está la otra cara de la moneda donde, desde el resentimiento, aprendemos a ser viscerales, impulsivos y altaneros ante cada situación  que creemos nos pone en riesgo.

Ahora bien,  los seres humanos tenemos en potencia todas las virtudes para ser desarrolladas (ojo para ser desarrolladas).  Si usted hace una lista de sus virtudes tendrá cuatro o cinco que lo definen y unos dos o tres rasgos de personalidad que debe trabajar y que le causan problemas frecuentemente.

Por muchos años vivimos con un desconocido, ya que, sabemos a qué nos dedicamos, conocemos nuestra promoción, conocemos muchas cosas de nuestros gustos particulares, pero en pocas ocasiones miramos hacia dentro para conocer quién somos realmente y si la vida que hoy llevamos es el reflejo de lo que queremos y, aunque suene a cliché, hoy todo lo que tenemos es el resultado de lo que hemos hecho o no.

Hoy,  calle (silencie) un rato al colosal critico que lleva por dentro, deje de escuchar a quienes no han logrado nada en su vida y quieren reordenar la suya; céntrese en lo bueno que puede hacer y en su virtudes. Le voy a dar cinco estrategias que le servirán para el desarrollo de sus virtudes, siéntase libre de agregar otras que le  puedan ayudar:

  1. Hable desde las posibilidades, comuníquese a partir de la certeza, abra la pregunta ante una negación, reconozca  que no sabe, pero investigará el cómo, céntrese en el tema de que poco a poco sí puede.
  2. Aproveche los momentos de aprendizaje. Una frase de la Peogramacion Neuolinguistca dice “experiencia es aprendizaje, lo demás es infomación”. Si usted en su proceso de evolución comete algún error vea el lado bueno y analícelo para ver qué pasó.
  3. Establezca límites, quítele el poder que le dio a algunas personas para que acaben con sus ganas, diga hasta dónde sí quiere llegar y lo que estaría dispuesto a hacer, siempre con respeto.
  4. Sepa cuáles son sus necesidades interiores. Le prestamos mucha atención a lo que queremos comer, comprar y hacer, pero no nos tomamos el tiempo para enfocarnos en las necesidades de nuestro niño herido, ese que va por la vida haciendo de las suyas, mostrando un adulto rebelde, altanero e incomprendido. Pregúntese ¿qué traumas me han traído hasta aquí?, ¿qué no he aprendido que sigo en la misma situación?,  ¿qué debo aprender para seguir evolucionando? Enfóquese en aquello que le inquieta y evite buscar pañitos de agua tibia, tome el riesgo de mirarse a sí mismo.
  5. Sea empático. Aprenda a estar con los demás trate de entender su situación; esto no quiere decir que si alguien llora usted también lo hace, ya que  esto sería ser simpático. Acompañar tiene que ver con solo estar, escuchar y no llenar a otro de frases como “ tu sí puedes”, “ no pasa nada”; es mejor apelar a las virtudes y que ellos mismos vean sus herramientas para salir de la situación.

Vivimos en un mundo de generalidades donde la individualidad hace la sociedad, el carácter se forja y de allí nacen todas la virtudes. Tomemos un tiempo para mejorar una a la vez, a partir de la acción, el aprendizaje, tomando en cuenta que aquello que no resolvemos se lo lanzamos a nuestros hijos y si ellos no lo resuelven, pasan a la vez a sus hijos, nuestros nietos, quienes llevan doble carga: la nuestra y la de sus padres; y así, de generación en generación hasta que alguien toma el valor de mirar hacia atrás, para caminar hacia delante resolviendo el embrollo familiar.

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