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Infierno venezolano, por Laureano Márquez

No hay agua, porque estamos en sequía. Por esta razón hay que recoger el vital líquido y guardarlo en envases de plástico, pero el agua estancada es el caldo de cultivo ideal del Aedes que transmite el zika y no se consiguen los repelentes ni insecticidas. Hay que guardar comida, porque uno no sabe, pero como la electricidad falla, la comida se echa a perder en la nevera. Para conseguir comida hay que hacer cola a pleno sol, pero como la mayoría de los supermercados están en centros comerciales y ahora viene una restricción de horarios de funcionamiento, el tema de las colas se complicará. Cuando vengan las lluvias, el problema del agua se solucionará, pero entonces las colas ya no serán a pleno sol, sino bajo los aguaceros y la gente comenzará a enfermarse de gripe y las medicinas no se consiguen. Como el sueldo no alcanza para comprar a la vez alimentos y productos de higiene, la gente ha dejado de bañarse adecuadamente, y entonces comienzan brotes de sarna en la población y los hospitales están en estado crítico. Ante la escasez la gente se levanta de madrugada a hacer colas para comprar, pero en el interior la guardia nacional arresta a los que salen a hacer cola de madrugada. En Caracas se consiguen más medicinas que en el resto del país, pero no está permitido enviarlas.

El gobierno exige a los productores de alimentos que mantengan abastecida a la población, pero no les entrega dólares para que importen suministros. No hay pastillas anticonceptivas, razón por la cual nacen más niños, pero en algunos hospitales “mueren como pollitos”. Las cifras de inflación no se publican, pero llegan aviones cargados de billetes de 100 bolívares, que cuesta mucho más de cien bolívares imprimir. Como todo está muy caro, hay que llevar grandes cantidades de billetes, lo que es una tentación para el hampa. Como los suministros médicos también fallan, algunas operaciones están dejando de hacerse y las que se hacen, muchas veces no pueden seguir los protocolos requeridos. La esperanza en circunstancias difíciles es impulsar la educación, que las universidades mejoren sus sistemas de apoyo a la investigación de nuestras dificultades, pero las universidades no tienen presupuesto. Algunos alimentos regulados se consiguen casi regalados, pero la gente se dedica a la reventa de comida y la población paga los alimentos a precios exorbitantes. La gasolina es casi gratis, pero como nuestra industria está en crisis, tenemos que importarla de EE. UU. (nuestro enemigo y causante de todos nuestros males) a precios internacionales para venderla a precios locales. Los economistas y los productores ofrecen salidas a la crisis, pero como son el enemigo no se les presta atención. La oposición gana la Asamblea, pero el resto de los poderes en manos de uno solo la bloquea. El gobierno amenaza con expropiar. El gobierno pierde seguidores, pero aumenta sus redes sociales. La única salida sería rectifi car, pero al gobierno le resulta menos costoso acelerar rumbo al abismo.

Verdaderamente, el infi erno de Dante quedó corto. En el de La Divina Comedia hay tres tipos de pecadores: los incontinentes, los violentos y los traidores, que son los que hicieron mal conscientemente. En estos últimos hay varias categorías: aquellos de quienes se tiene confianza, los traidores de las instituciones y los traidores de la patria. Saque usted sus propias conclusiones, amable lector y medite seriamente, no abandone toda esperanza y como el colibrí, llene su piquito de agua y ayude a apagar este infierno en el que estamos.

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