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Eugenio Montoro// El Saime De Mis Tormentos

Por estos días, “la plataforma” del Saime (Servicio Administrativo de identificación Migración y Extranjería), una de esas páginas interactivas de internet, se apagó y no por pocos minutos, como podría tolerarse, sino por tres semanas. El Saime es el encargado de las cédulas de identificación y los pasaportes en Venezuela de manera que los sopotocientos paisanos que quedaron guindados por la fallita, deben estar con el arrecherómetro a full escala pues este desastre les arruinó cualquier cantidad de planes que tenían.

Tal como es lo usual, y según la explicación oficial, la falla de la “plataforma” fue producto de un saboteo de enemigos de la revolución gloriosa. Una asquerosa y repetida mentira para no reconocer que este follón de desorden ciclópeo solo puede explicarse, exclusivamente, por una ineptitud brutal y por la falta de gerencia bajo la responsabilidad del régimen de Maduro.

Pero lo cierto es que este mega desastre “Saimero” es casi una pendejada frente a los otros muchos casos que muestran a un régimen de mandones con una incompetencia que casi daría risa, de no ser por la inmensa tragedia que le causan día a día a los venezolanos.

Si aceptamos la verdad sencilla de que los ciudadanos (que representan a la Nación) somos los dueños del país y los gobernantes son solo nuestros empleados, deberíamos pedirle la renuncia a Maduro y a su cuerda de piratas por los malos resultados que muestran en todas y cada una de las actividades bajo su responsabilidad. La verdadera razón de estos pobres resultados tal vez la podríamos encontrar en un frase  de Aristóteles de hace más de 2000 años “Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados”.

En todas las instituciones y empresas hay un responsable por sus resultados y si estos son deficientes debe ser reemplazado. Si usted tiene una finca y contrata a alguien para que la gerencie y al poco tiempo la producción de leche se viene a menos, las vacas empiezan a desaparecer y el monte inunda los potreros usted bota al tipo y se busca otro, tan sencillo como eso. Salvando las dimensiones, un país es algo similar, si el administrador que elegimos los propietarios, a ese que, para que se sienta importante, le llamamos presidente, no muestra buenos resultados tenemos que reemplazarlo. Además, si Maduro tuviera una mínima pizca de vergüenza, por los malísimos resultados que tiene, ya debería, sin que nadie se lo pidiera, haber renunciado.

Empecemos por la joya de la corona de un país como lo es su educación. De acuerdo a un diagnóstico reciente en los últimos años la población estudiantil se ha reducido en un millón quinientos mil y sigue. Hay 300 mil profesores menos. En todas las escuelas hay un deterioro mayor de la infraestructura, el 70% no tienen electricidad y el 50% no tienen agua y más de la mitad de los alumnos y profesores reportan una grave insuficiencia alimentaria.

Solo por esto Maduro debería renunciar.

La producción de las empresas básicas de Guayana, orgullo de nuestro país hace años, es cero. La producción de petróleo se redujo en casi dos millones de barriles diarios lo que representa una pérdida anual de 80 mil millones de dólares. Solo por eso Maduro debería renunciar. Pero lo infame es que, además, hasta tienen la osadía de mentirnos y decirle al país que para final de año se estarán produciendo dos millones de barriles diarios. Para que mis apreciados lectores tengan una idea de esta patraña, esto equivale a decir que la vaca habrá parido 5 crías de aquí a diciembre olvidando que usualmente, una vaca, pare solo un becerrito después de una larga gestación de 9 meses. Farsantes de pelo fino.

La economía ha caído casi el 80% del PIB. Esta increíble cantidad no tiene precedente ni siquiera en países en guerra. Alemania durante la terrible segunda guerra mundial bajó su PIB en 45%. Solo por esto, por esta sola cifra, un presidente decente, y muy avergonzado por estos resultados, renunciaría.

Millones de compatriotas han decidido irse a otros países pues no pueden vivir en el suyo. Que tristeza y que horror para un gobernante que la gente se le marche. Nada es más claro y más dramático para demostrar el fracaso de Maduro.

Pero no tenemos que ir lejos para entender la absoluta incapacidad para gobernar. En nuestro patio, en la planicie de Maracaibo, este absurdo gobierno construyó, con la hoy desprestigiada Odebrecht, un sistema descomunal de canales de riego, fincas, casas y hasta plantas enlatadoras de alimentos. Centenares de millones de dólares gastados que hoy se pudren bajo el duro sol zuliano pues allí absolutamente nada está funcionado. Muchos casos como este siguen escondidos, pues son menos visibles que el nunca terminado metro de Caracas Guarenas o el inconcluso y faraónico tren del centro o el puente Nigale, que ya son monumentos de bochorno nacional.

Hay que salir de estos farsantes como sea. No dan pie con bola y se creen eternos en el poder. Una sólida oportunidad tenemos pronto para salir de esta peste y juntos y con mucho entusiasmo lo podemos hacer.

 

 

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