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Eugenio Montoro // Belerofonte

 

Dentro de la extensa y enredada mitología griega, el cuento de Belerofonte es uno muy interesante y trataremos de resumirlo a continuación.

Originalmente tenía otro nombre, pero vino a matar a un tal Belero y de allí le pusieron el sobrenombre de Belero-fonte que significa “el que mató a Belero”. Buscando el perdón fue donde la corte del rey Petro (no es joda) quien lo recibió como huésped principal.

La esposa del rey, Estenebea, al poco tiempo se enamora de Belerofonte y trata de seducirlo, pero este se niega a traicionar al rey. Para vengarse del desprecio, Estenebea le dice al rey que Belerofonte la trató de violar. El rey Petro, muy ofendido, decide matarlo, pero sus leyes sagradas le impiden matar a un huésped así que decide enviar a Belerofonte donde su suegro, el rey de Licia, con una carta. En la carta le dice al suegro que no lo haga huésped y que lo mate de una vez, pero el viejo, contento por la visita, no abre la carta enseguida, sino que recibe a Belerofonte con fiestas y lo hace huésped así que, aunque luego abre la carta y entiende lo que quiere el yerno, tampoco puede ya matarlo.

Al suegro se le ocurre entonces enviar a Belerofonte a misiones imposibles para que pierda la vida. Lo envía a enfrentar a un enorme monstruo que llamaban Quimera, que tenía cabeza de león, cuerpo de chivo y cola de serpiente y hasta lanzaba llamas por la boca. Pero Belerofonte se preparó bien y además consiguió con la diosa Atenea un caballo con alas de nombre Pegaso. Así que volando y tirando lanzas vino a matar a la fiera. El rey Lóbates, que así se llamaba el suegro de Petro, lo envía a misiones cada vez más difíciles entre ellas hasta combatir a las Amazonas, un pueblo terrible de mujeres guerreras, pero Belerofonte sale airoso.

Cegado por tantos increíbles triunfos seguidos, a Belerofonte se le ocurrió realizar una hazaña aún mayor: subir al monte Olimpo y juntarse con los dioses. Así que volando sobre Pegaso al poco tiempo llegó al Olimpo. Pero a Zeus, que seguramente andaba de malas, no le gustó la osadía del mortal intruso y envió un tábano a morderle el trasero a Pegaso y este salió como alma que lleva el diablo del Olimpo y haciendo, además, caer a Belerofonte al vacío y colorín colorado.

Como la mayoría de estos episodios a los que hoy ponemos bajo el paraguas de “mitología” tienen mucho de enseñanzas y eran las creencias religiosas en su tiempo. Más justo sería llamarla “religión griega antigua”.

El último episodio donde Belerofonte se anima a ir al Olimpo es uno de los asuntos que más se repiten como lo es el asociar algún triunfo como una prueba de grandeza. Es el caso del compañero de trabajo al que ascienden a otra posición y desde allí se cree diferente y superior a los otros y hasta cambia el trato con sus antiguos amigos. A ese idiota, de seguro la vida le pondrá el tábano en el fondillo y se quedará sin empleo y sin amigos.

Los inventos de un bicho con cabeza de león, cuerpo de chivo y cola de serpiente (o dragón) y de un caballo con alas es prueba inequívoca de que los griegos consumían droga pareja, pero, en su descargo, también nosotros en los tiempos modernos hemos inventado a Hulk, Supermán, al hombre elástico y centenares de seres raros así que tenemos que morir callados.

También es posible que esas intrigas de palacio, una reina queriendo seducir al visitante y al ser rechazada mentir en su contra, la carta secreta, las misiones buscando que al tipo lo mataran inspirasen luego a muchos escritores en sus inventados dramas. Así que la próxima vez que leamos a Hamlet nunca sabremos cuanto de Estenebea y su frustración amorosa se esconden por allí.

Pero también podemos asociar este cuento con el caso político venezolano. Belerofonte podría ser Maduro quien se cree vencedor y cada vez más poderoso y quiere ir al Olimpo a perpetuarse. Sin embargo, a Zeus, representado por el pueblo venezolano, no le gusta lo que hace Maduro y mucho menos los resultados y, por eso, le va a poner un tábano en las nalgas para que salga disparado después de unas elecciones donde las vamos a ganar y las vamos a cobrar.

Venezuela es también una tragedia griega. No hay algo que funcione salvo la corrupción, las drogas y la ausencia de estado de derecho. No hay forma de recuperar libertades y democracia con estos tipos en el poder y mucho menos una recuperación económica pues la confianza de los inversores y banca internacional es nula.

Una sola cifra para probarlo. El riesgo país es un índice internacional multifactorial y cuanto mayor es el número más riesgo hay para un inversionista. Pues bien, el índice de Uruguay es de 147,0, el de Chile 182,0, el de Colombia 396,0 y el de Venezuela, con Maduro y sus archi incapaces, el índice es de 33.347,0.

Ninguna duda de que tenemos que salir de estos tipos. Esta vez sí va.

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