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En los 517 años del estuario marabino, por Dra. Judith Aular de Durán

El 24 de agosto de 1499, el navegante español Alonso de Ojeda, acompañado de Juan de la Cosa y Américo Vespucio, descubrió el Lago de Maracaibo.

Los indígenas Añú que habitaban en su alrededor, lo llamaban “Coquivacoa” que significaba “lugar donde llueve con frecuencia”. Ellos, que también habitaban en casas construidas sobre el agua fueron la razón por la que Américo Vespucio llamara al territorio Venezuela o mejor dicho “pequeña Venecia”.

Muchas han sido las glorias que le ha dado este imponente escenario natural a Venezuela. Han transcurrido más de cinco siglos de aquel encuentro y la naturaleza generosa del Lago del Maracaibo sigue derramándose, entregando riquezas y recibiendo a cambio la indiferencia ante su deterioro.

Rodando un poco la historia, en 1962, ese mismo día, fue inaugurado el Puente General Rafael Urdaneta, un coloso de concreto con un poco más de 8 kilómetros que une las riberas lacustres, multiplicando el progreso y los vínculos con el resto del país.

La descontaminación del lago es tarea pendiente, así como la construcción de la vía alterna al Puente Sobre el Lago, prometida y anhelada por décadas. Son 300 mil millones de metros cúbicos de agua expuestos a la contaminación y al crecimiento urbano desmedido, generando descargas fecales y tóxicas sin control.

Actualmente se encuentra en discusión en la Asamblea Nacional el Proyecto de Ley Programa para el Saneamiento del Lago de Maracaibo y de su Cuenca Hidrográfica. Un instrumento que fue diseñado y evaluado por los diferentes sectores de la región y en especial, la academia y que obliga a los diferentes sectores del gobierno: nacional regional y municipal a tomar responsabilidades en cuanto al problema del reservorio natural.

Todavía estamos a tiempo de rescatar y proteger con mayor celo a nuestro Lago y devolverle la majestad de ser la reserva de agua dulce más grande de América del Sur. Como lo entonaría el extinto y célebre solista gaitero, Fernando Rincón, en uno de los versos del también desaparecido compositor, Luis Ferrer: “Un lago de maravilla, hecho con polvo de estrellas”. Su saneamiento representa el futuro y progreso de los zulianos de hoy y de siempre.

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