El diario plural del Zulia
TOPE DELIA PLAZA

Elio Ríos Serrano // La vergüenza cultural o étnica

Orgullosos y orgullosas de ser de la Provincia de Maracaibo, hoy llamada estado Zulia, además que nos llamen maracuchas o maracuchos. Es por eso que el gentilicio de las personas del estado Zulia es maracucha y maracucho, por la fijación del nombre original de nuestra entidad en Venezuela. Así también le dicen a nuestro dialecto, la forma como hablamos el español las personas del estado Zulia, el dialecto maracucho.

Muchas veces en el resto del país sólo se acuerdan cómo hablamos por nuestras groserías y no de la amplia variedad cultural de nuestro dialecto maracucho.
Pero en fin, declaramos que no nos da vergüenza hablar maracucho en cualquier escenario. Hablar de “vos” en vez de hablar con “tú” no nos da pena.

Hasta nos han enseñado que “tú” es una adaptación de “you” del inglés, el “vos” es el original. Nos dijeron además, que el plural de “vos” es “vosotros” y en cambio “tú” no tiene plural. Es más completo el “vos”.

Cuando hablamos o escribimos maracucho en las redes o en nuestras publicaciones en otros medios, nos dicen que nuestro dialecto es un arcaísmo. Okey (anglicanismo usado para indicar aceptación), aceptamos esa carga, pero entendemos que por eso somos originales al hablar maracucho.

Nacemos oyendo maracucho en nuestra familia, oyendo conjugar los verbos en la segunda persona del tiempo presente con “vos” y crecemos orgullosamente siendo maracuchoparlantes.

Pero ese orgullo es acallado en nuestras escuelas: no podemos hablar maracucho en clases ni en exposiciones, porque se oye feo. Cuántas veces oí eso en mi formación en primaria, secundaria, la universidad y el postgrado: es feo hablar maracucho. “Habla de tú!”

En palabras de José Hernández Fereira, quien es escritor, presidente del Colectivo Cultural y Editorial internacional “Proyecto Expresiones”, estudioso de nuestro dialecto maracucho y creador del “Maracucholario”: la educación es centralizada, es “caraqueña”, no viene adecuada al estado Zulia. La interpretación es que esa es la educación formal, es el patrón nacional y así se debe hablar, indica Hernández Fereira.

En cada Feria del libro, como Proyecto Expresiones, hacemos exposición sobre el Maracucholario junto a este literato, para exponer cómo es nuestro dialecto, sus palabras en varias generaciones, el origen de cada palabra o expresión, en una lucha comprometida para establecer que hablar maracucho no es malo.

Y no es cuestión sólo en el proceso formal de la educación, ya está establecido entre nuestra misma gente. Cuando asisto a la radio o a la televisión, por entrevistas o por nuestros programas radiales, que me atrevo a hablo en maracucho, me llaman o me pasan mensajes diciéndome que no hable maracucho “que se oye feo”.

Imagínense, los argentinos y uruguayos hablan de “vos”, con fluidez desvergonzada, en cualquier parte: en la escuela, en las instituciones gubernamentales, en la radio y televisión. Yo en cambio debo hablar de “tu” porque hablar con “vos” se oye feo. Y que conste que nosotros conjugamos bien los verbos en presente con “vos” ( eso los imitadores y “mamadores de gallo” no pueden ni podrán bien imitarnos).

He ayudado en el desarrollo de El Maracucholario, de José Rafael Hernández Fereira, descubriéndonos divertidamente. Hablar maracucho es hablar de nuestra historia familiar, de la historia petrolera, de nuestra historia general de cada ciudad y del estado Zulia. Cómo sentir vergüenza de ello.

Recordé cómo decía mi abuela Ita cuando no tenía dinero: “estoy en la insiforia”, mami (mi mamá) decía, “estamos pelaos”, mis primos y yo decíamos “estamos incóbritos”. Papi (mi papá) decía cómo aprobación: “¡Machete!”, pero después yo mismo digo: “¡Chévere!

Mi tía Lola y mi tía María, las morochitas, cuando las “embarcaban”, decían: “nos dejaron mirando pa San Felipe”. En el Maracucholario se nos explica que “la misma nació en el Saladillo de comienzos del siglo XX cuando una dama que vivía frente al templo (San Felipe de Neri) y que llevaba por nombre Elvira de Jesús García fue dejada plantada, vestida de novia, (…)”.

Mucha risa me dan los anglicanismos por la influencia de “los gringos” de la industria petrolera, disfrazados de su “españolización” maracucha. Usar oranche (Orange en inglés) por el refresco de naranja o guachimán (Watchman) por vigilante. Como ejemplo también, muy risible, cuando mi tío Luis decía (aun lo usa), “voy a echar un camarón. En El Maracucolario se refiere que en los campos petroleros los gringos para escaparse a dormir decían “I come around” (voy a dar una vuelta). Por homofonía y burla los trabajadores venezolanos decían “yo también como que voy a dar un camarón”.

Pero no todos se sienten orgullosos de cómo usamos el lenguaje español en el Zulia. Hay algunas personas que “al pasar el Puente sobre el Lago” (expresión maracucha para indicar que se va de la Ciudad), ya dejan de hablar maracucho. Pero “se les sale”, como un amigo que estando en Caracas iba a comprar cotufas y dijo al vendedor: “¡Mira vale dame una bolsa de gallitos!”.

En fin, tratemos de ser auténticos: seamos y actuemos como maracuchas y maracuchos. No nos de vergüenza cultural o étnica. Hablar maracucho (la forma dialectal de hablar el lenguaje español en el Zulia), no es malo

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