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El sistema inmune psicológico, por Manuel Ocando

Timothy Wilson, profesor de Psicología de la Universidad de Virginia, escribe en su libro Extraños para nosotros mismos que “las personas hacen un gran esfuerzo por ver el mundo de una manera que preserve su sentido de bienestar”. De allí se desprende que seamos maestros en la creación de historias, racionalizadores y justificadores de la información amenazante. De hecho, el psicólogo Daniel Gilbert descubrió hace unos años que nuestras predicciones sobre cómo nos vamos a sentir en un futuro, y sobre la duración de nuestras emociones, suelen ser erróneas. Según Gilbert, este fallo en la predicción tiene que ver con no ser conscientes de un conjunto de mecanismos psicológicos de defensa ante las adversidades, que el bautizó como “sistema inmune psicológico”.

Pero, ¿qué es ese llamado sistema inmune psicológico? El sistema inmune psicológico (término metafórico) es un conjunto de mecanismos por los que nuestras mentes tienden a ignorar, reconstruir y transformar información que puede ocasionar efectos negativos para nuestro bienestar, con el objetivo de superar las decepciones y seguir adelante. Y eso sucede porque al cerebro no le interesa la verdad sino sobrevivir.

De hecho, son la base de esos fenómenos tan comunes por los que preferimos ver el lado bueno de las cosas, celebrar los triunfos y racionalizar los fracasos. En definitiva, todas esas creencias que nos hacen estar a gusto con nosotros mismos a pesar de la evidencia que apunta en sentido contrario.

Cuando experimentamos traumas verdaderos, que en realidad nos afectan, nos hieren, afectan nuestra autoestima o ponen en peligro la felicidad, es cuando se activa el sistema inmune psicológico; por ejemplo un divorcio, la muerte de los padres, la pérdida del trabajo, estos son sucesos muy importantes en la vida, y en cuanto suceden el sistema inmune psicológico se activa y ayuda a la persona a encontrar de nuevo la felicidad. Quizá una forma mejor de explicar esto es que la gente no racionaliza los traumas muy pequeños, pero si a lo mejor nos abandona la pareja racionalizaremos diciendo: “Nunca fue la mujer para mí y soy más feliz sin ella”.

Sobrevaloramos la duración y la intensidad de la desesperación en la que nos sumirá una desgracia. Nuestra incapacidad para imaginar con exactitud el impacto de los acontecimientos hace que nuestros augurios se vuelvan exageradamente pesimistas. Sin embargo, infravaloramos este sistema inmune psicológico. Es muy probable que la infelicidad inicial ante un rechazo o la pérdida de un trabajo disminuyan por la ponderación de las ventajas inesperadas ante una nueva situación.

Esta observación sobre los humanos no es nada nuevo, somos increíblemente capaces de cambiar nuestro punto de vista sobre el mundo para que nos haga sentir mejor respecto al mundo en el que nos encontramos. Hay pocas personas que serán conscientes de hacerlo, muy pocos se dan cuenta de cuándo se están modificando los hechos, alterando la realidad, para sentirse mejor; es como si tuviéramos un talento invisible, un escudo invisible, un sistema inmune psicológico que nos protege de “los golpes y dardos de la mala fortuna”, como decía Shakespeare, pero los psicólogos y psiquiatras sí son conscientes de que existe. Muchas veces creemos que nos enfrentamos al futuro sin contar con un aliado, y sin embargo todos tenemos en nuestro cerebro a un aliado, un amigo, un ayudante, que en caso de que algo negativo nos suceda en el futuro nos ayudará a sobrellevarlo.

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