El diario plural del Zulia
TOPE AMERICARGO

El proceso, Ángel Rafael Lombardi

En la Venezuela de hoy, muchos inocentes son culpables, y los culpables, muy visibles, andan sueltos. Con la única diferencia de que los que andan sueltos controlan el entramado institucional punitivo. “Vi con pesar que los hombres mutilarían y pervertirían la historia” nos dice RudyarKipling. Quienes controlan, leyes y recuerdos, controlan la vida social.

Nuestra formación académica es inútil. Bobbio, Dahl, Sartori y otros grandes teóricos de la ciencia política, nos proponen fórmulas del deber ser democrático, que en nuestro medio solo es una muy mala caricatura. En la Venezuela en ruinas de este pavoroso año 2017, con aumentos salariales que nadie quiere y una inflación incontrolable, llamar “política” a unas instituciones de papel maché es algo siniestro. El Estado, es hoy, invisible.

Políticos impresentables, incultos y descorteses no tienen la menor idea de que la política se fundamenta en principios. Que las instituciones albergan poderes independientes, dirigidos solo por los más capaces y talentosos, y que estos se contrarrestan y complementan los unos con los otros. En nuestro medio, Maquiavelo prima, aunque sin el elegante y sigiloso veneno. Por estos muy primitivos lares el veneno es sustituido por conjuras, golpes, contra golpes, elecciones amañadas, decretos presidenciales que extralimitan el Poder del Ejecutivo como si se tratara de un déspota de Persia.

Ionesco, y el teatro del absurdo o Kafka y su imaginería profética y hermética en relatos geniales como El Proceso donde los acusados tienen que presentarse ante un tribunal no constituido y sin acusación. Como insólitamente les está pasando a miles de jóvenes y ciudadanos que protestan a favor de la Constitución que pretende ser abolida por capricho de una pequeña cúpula. Y lo que es más grave: cuando son arbitrariamente detenidos en vez de ser procesados por los tribunales civiles, se les remite a los de la circunscripción militar, y de paso, acusados como “terroristas”.

Hoy, en Venezuela, la política no tiene nada que ver con algún tipo de proyecto político-ideológico serio. La política nuestra es una pugna tribal desde las emociones y pasiones más bajas con un solo interés: el mantenimiento del poder y todas las prebendas que este produce desde los caminos marginales de una ética sin compromiso.

“Conocemos la mentira que usurpa el poder pero, aun sabiéndola mentira, asistimos estupefactos ante la representación que la disimula”. Y esto último, que dice Carlos Fuentes, ocurre porque la mayoría termina siendo pusilánime e indiferente a la desgracia democratizada. Recuperar al país y reencontrar a los venezolanos es una tarea inmediata que solo será posible desde el imperio de las leyes y la decencia como programa sincero.

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