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El Hombre nuevo se muere, por Claudio Nazoa

Hoy estoy arrecho. Trato de que no sea así, pero no soy de palo. Por eso escribo este artículo con indignación y rabia. Las mismas que sienten la mayoría de los venezolanos a quienes nos duele nuestro país.

Estos comunistas irresponsables y destructores sólo son buenos cambiándole el nombre a todo e ideando publicidad de aquello que sirva para hacerle propaganda a su monumental fracaso. Mientras, los venezolanos pasamos trabajo, hambre y miseria.

Venezuela es una enorme ruina. Parece un país que atraviesa una posguerra. ¡Y no exagero! Lo que estaba hecho y funcionaba, está deteriorado o no sirve por falta de mantenimiento. El país se cae.

Las autopistas, calles y carreteras están llenas de malandros, de huecos, sin luz y sin señalización. Los cañaverales del estado Aragua y del estado Lara, fueron expropiados, arrasados y abandonados. Por esa razón no hay azúcar. Da vergüenza y dolor mirar, ahora destruidas, lo que por 300 años fueron fructíferas y hermosas siembras de caña. En su lugar, el Gobierno sembró esqueletos de experimentos socialistas agrícolas fracasados. Frente a este desolador panorama, están las vallas: “Tierras recuperadas para el pueblo”. “Gran Misión Agroalimentaria”…

Sin embargo, como una condena de Dios para que desde el más allá vea el desastre que dejó, delante de estos campos devastados, también están los ojos del hombre que más daño le ha hecho a Venezuela: Hugo Rafael Chávez Frías.

Los mercados expropiados, las fábricas y las escuelas están cerradas, en ruinas o funcionan a medias. La salud está abandonada. No sólo no se consiguen medicinas, también los hospitales se encuentran en estados deplorables, como el infantil J.M de los Ríos, en Caracas, donde infortunados niños, además de padecer graves enfermedades, pasan hambre por la irresponsabilidad de estos comunistas malucos.

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