El diario plural del Zulia

El extraño caso del diálogo en Venezuela, por Vladimir Villegas

Es indudable que la grave crisis existente en Venezuela, que se traduce nada mas y nada menos que en un empobrecimiento severo de la población, como consecuencia de políticas económicas equivocadas, en un alarmante deterioro institucional y en una sistemática violación de derechos humanos, obliga a que los venezolanos busquemos fórmulas que conduzcan a soluciones, con el objetivo de reconstruir el país.

Por esa razón una alternativa válida, aunque no cuente con un claro apoyo popular como seria lo deseable, es abrir camino a un proceso de diálogo, negociación y acuerdos. En eso ya llevamos largo tiempo, y solo se han acumulado frustraciones tras frustraciones.

Varios de estos intentos han terminado en dimes y diretes absolutamente absurdos. El gobierno ha utilizado el diálogo con objetivos nada nobles. Ganar tiempo, hacer ver ante la comunidad internacional que está dispuesto a ir a una negociación política y tratar de mal poner a la oposición ante sus seguidores. Si hay un contacto entre ambos sectores ahí salen conocidos voceros del oficialismo a "echarle dedo" a los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática que se tomaron un café con ellos para tratar de iniciar un camino de conversaciones formales.

A eso se le agrega la costumbre del Jefe del Estado de disparar insultos a diestra y siniestra contra los dirigentes opositores más destacados, no importa si con ellos se ha abierto un espacio de diálogo o de intercambio de propuestas para iniciarlo. Apátrida, basura, sucio, traidor, malandro, son algunos de los proyectiles que salen de la boca del Primer Magistrado. A eso agreguemos los "mazasos" que semanalmente también vienen cargados de sus dosis de veneno.

Mientras esto ocurre no falta quien haga loas de una supuesta ley contra el odio que en medio de esa diarrea de insultos parece un monumento al cinismo.

En ese ambiente ni que traigamos a la ONU completa, al Vaticano, ni que revivamos a Mandela y lo busquemos para que nos ayude habrá forma de que un intento de negociación cristalice para el bien del país. Si no hay respeto no puede haber diálogo. Si no hay un uso prudente del lenguaje no hay manera de que una iniciativa de esa naturaleza camine con pie firme . Y cuando esto se hace en medio de una campaña para elecciones de gobernadores queda claro que el gobierno no quiere dialogar sino sacar una tajada electoral por la vía de la descalificación y desmoralización de sus adversarios, a quienes también hay decirles unas cuantas cosas.

La oposición agrupada en torno a la Mesa de la Unidad Democrática(MUD) ha abordado este asunto con muchas equivocaciones de por medio. La primera de ellas es que asume el diálogo y las negociaciones políticas como si se tratara de un pecado. Es inocultable su sentimiento de culpa. No son capaces de convocar una rueda de prensa en lugar de refugiarse en comunicados ambiguos y temerosos del qué dirán. Si se cree en la necesidad de sentarse con el gobierno para hallar fórmulas de acuerdo, ¿cuál es el problema en hablarle claro al país y dar las decenas de argumentos que existen para tomar esa decisión?

El gobierno aprovecha los complejos presentes en la dirigencia opositora. Golpea en ellos como lo hace el boxeador en la ceja abierta de su oponente. Mientras la Mesa no supere sus complejos esta situación va a repetirse. Para ello tiene que terminar de ponerse de acuerdo sobre cómo afrontar un proceso de esa naturaleza. No hay, al parecer, diálogo real e incluyente en la propia MUD sobre este asunto.

Unos pocos toman la decisión de sentarse, pararse, asistir o no asistir. Otros o toman distancia para no verse salpicados por los posibles efectos negativos de esos contactos o simplemente son dejados como la guayabera. Mientras no resuelvan esos complejos y sigan haciendo concesiones a sus propios miedos y cálculos subalternos, este asunto no va a marchar bien.

Quienes somos partidarios de una negociación política tenemos que asumirlo sin ambigüedad. No se puede actuar frente a esto como si se estuviera cometiendo un delito, como si se ejecutara un acto de traición. Dialogar, conversar, negociar y llegar a acuerdos forma parte de la naturaleza humana. Es un recurso que no tiene que ser desechado para complacer a guerreros del teclado o a extremistas de oficio que viven de la extorsión "moral", que se se han convertido en inquisidores de toda acción que no derive en salidas " fast track" como las que ya hemos visto fracasar en el país.

Entonces cuando uno evalúa la conducta del gobierno y de la oposición frente a este asunto del diálogo y la negociación política, no es difícil llegar a la conclusión de que todavía estamos lejos de acuerdos que hagan viable la convivencia política en el país como paso previo a encontrar las soluciones a tantos problemas acumulados por una equivocada y, más que eso, desastrosa manera de gobernar.

Ambos sectores tienen que actuar con responsabilidad frente a este asunto. ¿ O no saben que si se cierra la puerta a una negociación política estamos alentando nuevamente a demonios que se hacen los dormidos a la espera de una oportunidad para aparecer y desatarse?

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