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Ejemplo de amor y pasión al trabajo agrícola, por Werner Gutiérrez Ferrer

Rafael Arcadio San Juan Cantillo, oriundo de tierras neogranadinas, llega a Venezuela en los años 50.

Cuando la Universidad del Zulia adquiere la Hacienda La Esperanza, ubicada en el Municipio Rosario de Perijá del estado Zulia, en el año 1966, ya el señor Rafa, como cariñosamente le conocemos, era trabajador de esta unidad de producción, en la cual se ha mantenido laborando desde entonces ininterrumpidamente, esparciendo en cada uno de sus rincones una infinita pasión por la ganadería, solo comparable con la inmensidad de las tierras Perijaneras, en las cuales junto a su esposa Ana (†), heredó siete hijos, más de 10 nietos y un bisnieto.

A sus 73 años de edad, y cincuenta años de servicio a nuestra Facultad de Agronomía, el día de trabajo de Rafa se inicia a las 3:30 a. m., cuando en el cumplimiento de su labor como encargado del “aula abierta” más grande de nuestra universidad, se dirige a supervisar el ordeño del rebaño, del cual le conoce, número y el nombre de cada ejemplar de que dispone nuestra hacienda.

Rafa no tuvo oportunidad de recibir educación formal. Ha sido siempre un “autodidacta”, absorbiendo de cada docente, profesional y de quienes le han rodeado, una enorme sabiduría que lo han convertido en el mejor en su oficio, cumpliendo labores de inseminador, tractorista, vacunador, jefe de ordeño, partero, entre tantas otras labores que cumple hasta las 9:00 de la noche, cuando se destina a descansar de sus tareas.

Es un hombre honesto, de profundos principios y valores, de alma transparente. Se caracteriza por ser abierto y elocuente, emanando siempre de él sus anécdotas, experiencias, y aprendizajes, que libre de cualquier mezquindad, buscar compartir mostrando “una innata vocación de docente”, con quien de manera sincera se le acerca.

Rafael Arcadio San Juan Cantillo, eres uno de esos “grandes héroes”, que con tus manos encallecidas, la piel endurecida por el inclemente sol y el inexorable paso del tiempo, te has convertido para cientos de generaciones de profesionales y productores del sector agropecuario, en símbolo de admiración y respeto, por tu in nito amor al trabajo recio del campo.

Quienes conocemos las labores de la cría de ganado o el manejo de cultivos, sabemos cuán importante para su éxito es contar con excelentes trabajadores. Hoy en vísperas del primero de mayo, quiero rendir tributo, a través de este hombre ejemplar, a quienes de sol a sol, los 365 días al año, dedican su vida a producir alimentos para nuestro pueblo.

Dios te bendiga Rafa. Dios nos multiplique a hombres como tú en los campos venezolanos, porque serán pieza fundamental en la construcción de esa nueva Venezuela agrícola que con el trabajo de todos, vamos a construir. Si se puede!

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