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Diálogo y realidad, por Antonio Pérez Esclarín

La primera condición para un diálogo verdadero es aceptar la realidad. No va a ser posible enfrentar y superar los gravísimos problemas que tenemos si sencillamente los negamos y repetimos que son meramente un complot mediático que pretende presentar una visión falseada de Venezuela. Hace falta ser muy irresponsable para negar la escasez extrema de medicinas que ya han ocasionado varios muertos, y la dificultad creciente de conseguir productos de la dieta diaria a precios alcanzables con el salario que recibimos las mayorías. El milagro económico del chavismo, en vez de sacar a las mayorías de la pobreza, nos ha hundido a casi todos en ella, pues prácticamente ha acabado con la clase media y con el estímulo al trabajo. ¿Será que los que nos gobiernan no sufren la escasez de medicinas y comida y disfrutan de abundantes dólares baratos con los que pueden viajar por el mundo sin problema y permitirse un nivel de vida de espaldas a la realidad del país?

Según publicaron algunas agencias noticiosas, el Presidente se ha negado a permitirle al Banco Central la emisión de billetes de mayor denominación, porque eso supondría reconocer la inflación. ¿Es que acaso podemos ocultarla cuando todos sufrimos el aumento incontrolable de los precios que ha hecho que el bolívar sea una moneda sin valor pues con el billete más grande, el de cien bolívares, no se puede comprar ni un caramelo y para una simple compra de verduras en la calle se necesita llevar toda una paca de billetes? ¿Dónde quedó la fortaleza del bolívar fuerte? Si realmente valoramos a Bolívar ¿no habría que cambiarle el nombre a nuestra moneda sin valor? A los que pretenden ocultar la inflación yo les obligaría a que tuvieran que pagar en efectivo con bolívares uno de esos trajes, zapatos o relojes lujosos que usan, o cancelar también en efectivo y con bolívares alguno de sus banquetes o fiestas.

El Gobierno insiste en su llamado al diálogo y acusa a la oposición de negarse a él. Pero mientras llama a dialogar y pide respeto a la Constitución, la viola abiertamente permitiendo que el Consejo Nacional Electoral utilice mil formas para impedir que se realice este año un referendo revocatorio, que podría ser el inicio de la superación de la crisis mediante un método democrático y electoral. ¿Cómo es posible que nadie del Gobierno haya levantado su voz frente a las amenazas de algunos funcionarios de perseguir o castigar a los que firmaron porque se implemente este mecanismo constitucional? ¿No es acaso una violación flagrante de la Constitución y un abuso intolerable de poder? Pareciera que el poder electoral existe para impedir las elecciones, es decir, para imposibilitar la democracia.

Los expresidentes promotores del diálogo que tanto insisten en su imparcialidad ¿no han visto acaso todas las triquiñuelas y trampas para impedir a la gente la validación de sus firmas? ¿Por qué no dicen nada ante tan graves abusos que incluyeron cortes de carreteras, caminatas de cinco horas y cruce de ríos, necesidad de desplazarse a otras ciudades, amenazas, golpes, operaciones morrocoy, escasez de máquinas captahuellas o su ubicación donde no había votantes…? ¿Por qué no aclaran que el diálogo exige, como condición que lo posibilite, el abandono de prácticas intimidatorias y violatorias de la Constitución?

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