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Diálogo: salvarlo y ampliarlo, por Vladimir Villegas

No es ninguna sorpresa que el diálogo en Venezuela viva, una vez más, tropiezos que lo ponen en peligro. La desconfianza sigue presente entre los actores que se han sentado a la mesa a intentar de nuevo encontrar salidas a la grave crisis que vive el país.

Aunque digan que la cosa en las comisiones designadas en la reunión del pasado domingo, lo que declaran voceros de lado y lado indican todo lo contrario. El verbo, otra vez, se convierte en arma letal contra las posibilidades de éxito de esta iniciativa. Le agregaría la falta de acciones contundentes para mostrar voluntad política. Y esto es fundamentalmente con el gobierno del presidente Nicolás Maduro. En el pasado dije que al Gobierno le corresponde dar pruebas de amor. Me refería a la amnistía general o al menos a poner en libertad a gran parte de los detenidos por razones políticas. Las pruebas fueron mínimas, y en la práctica resultaron irrelevantes.

En esta ocasión el Gobierno envió a Manuel Rosales a una detención domiciliaria y puso en libertad a varios detenidos políticos de reciente data, entre ellos Carlos Melo y Coromoto Rodríguez. No había elementos para mantenerlos tras las rejas. Pero desde entonces no se ha movido ni una hoja en Mira ores. No hay una señal de buena voluntad política para resolver los otros cien o más casos, o buena parte de ellos. Ni mucho menos para abrir un real espacio de negociación política en materia electoral.

Por el contrario, casi todas las declaraciones provenientes de voceros del Gobierno, comenzando por las del Presidente, van en la dirección de tensar la cuerda. De impedir el entendimiento. No ha habido lugar para hacer lo que yo llamo la necesaria pausa entre el cerebro y la lengua. ¿De nada vale la palabra empeñada ante el Vaticano? ¿Poco o nada importa que este intento de iniciar un diálogo serio se vaya al carrizo?

La oposición también tiene su propio mar de fondo en este asunto. En primer lugar, no existe unanimidad en su seno sobre la conveniencia de estar allí sentados ni mucho menos en cuanto al tiempo que debe permanecer en la mesa. Es cierto que el Gobierno no puede extender indefinidamente la espera por señales puras y duras. Pero de ahí a esperar que en once días se le vea el queso a la tostada para decidir si se permanece o no, luce como una decisión desesperada. ¿No hay formas efectivas de ejercer presión sin levantarse? Y si se levantan, ¿tienen claro cuál es la estrategia a seguir?

Mientras que las señales del Gobierno no le representan ningún sacrificio real, la oposición ha hecho tres concesiones de alto costo. La primera de ellas, sentarse a pesar de la reactividad que eso ha provocado en buena parte de sus bases. La segunda, suspender o posponer el juicio político en la Asamblea Nacional. Y la tercera, desistir, al menos por ahora, de marchar hacia Mira ores. En ninguna de estas decisiones la coalición opositora ha tenido el apoyo de Voluntad Popular. ¿Qué busca el Gobierno? ¿ Qué se imponga la línea más dura en la oposición? ¿Qué se convenza de una buena vez de la inutilidad del diálogo? ¿O que salga demolida, dividida o desmoralizada de este nuevo intento?

El diálogo tiene muchos enemigos. En ambos bandos, es cierto. Estimo necesario sacarlo del atolladero. Primero salvarlo y luego ampliarlo. El país es más que la MUD y el PSUV. Otros sectores quieren ser escuchados. Y tarde o temprano esos sectores tienen que ser no solo escuchados sino aceptados como interlocutores. Con todo y los ruidos existentes, el diálogo es la mejor vía, la menos costosa para sacar adelante a Venezuela. No dejamos que muera, o mejor dicho, que lo maten. Venezuela, con paz, justicia y más democracia.

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