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¿Del autoritarismo al totalitarismo?, por Jorge Sánchez Meleán

Para los especialistas en Ciencias Políticas, los regímenes políticos actuales podrían clasificarse partiendo de la democracia a la autocracia totalitaria, de la siguiente manera: Democracia Consolidada (1), Democracia mínima (2), Autoritarismo Competitivo (3), Autoritarismo Consolidado (4) y Autocracia Totalitaria (5). Al analizar el caso venezolano hay opinión mayoritaria, en que el régimen chavista es un Autoritarismo Competitivo, que cada vez acentúa sus rasgos autoritarios y no los competitivos, con lo que se está acercando al Autoritarismo Consolidado, y podría valorarse partiendo de la escala de valores señalada, con 3,5 0 3,6 .

Según especialistas como S.Levitsky y L.Way (2002) la violación de los criterios de los regímenes democráticos en los Autoritarismos Competitivos, como es el caso de Venezuela, son muy frecuentes. Son tan serias como “para crear un campo de juego desigual entre Gobierno y oposición”, al decir de estos autores. Aunque puedan darse elecciones sin fraude, “los funcionarios abusan constantemente de los recursos del Estado, no ofrecen a la oposición una cobertura adecuada de los medios, persiguen a los candidatos de la oposición y a sus seguidores y, en algunos casos, manipulan los resultados de las elecciones”, afirman estos especialistas. Todos los opositores son espiados, amenazados, perseguidos o arrestados. Según los autores mencionados, los “miembros de la oposición pueden ser enviados a prisión, exilados o con frecuencia, incluso asaltados, acosados o asesinados. Regímenes caracterizados por estos abusos no pueden ser llamados democráticos”.

En los Autoritarismos Competitivos, la vía para eliminar o reducir las normas democráticas opera a través del soborno, la cooptación y otras formas más sutiles de persecución, como el abuso de las autoridades impositivas, jueces condescendientes o mediante el acoso, la persecución o la presión de organismos a todos los críticos u opositores al régimen. En Venezuela acaba de crearse un comando antigolpe con estos propósitos. En estos regímenes, la oposición solo puede desafiar o debilitar a los funcionarios autocráticos en cuatro terrenos: el electoral, el legislativo, el judicial y el de los medios de comunicación. Por ello, es grave que el régimen chavista no quiera hablar de elecciones de ningún tipo; haya declarado una guerra sin cuartel al Poder Legislativo que no controla; haya acabado con la autonomía del Poder Judicial, que solo obedece a lineamientos políticos; y cada vez controle más a los medios de comunicación públicos y privados, a los que quiere convertir solo en voceros oficiales. En consecuencia, cuando estamos conmemorando 59 años del 23 de enero de 1958, ya no somos una Democracia , ejemplo de la América Latina, sino un país al que una falsa “revolución” marxista-castrista, está empobreciendo materia y espiritualmente. Por ello, los venezolanos que en su gran mayoría rechazan este estado de cosas, tienen el deber y el derecho de cambiar el rumbo de un régimen, que pretende llevar a la patria de Bolívar de un autoritarismo creciente a un totalitarismo inhumano. Ello es contrario a nuestra tradición republicana y a nuestro compromiso con la paz, la libertad y la democracia.

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