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Cae peligrosamente, consumo de alimentos, por Werner Gutiérrez Ferrer

Según el informe mensual del Centro de Documentación y Aná- lisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, la Canasta Alimentaria Familiar en Venezuela para mayo se ubicó en Bs 226.462,17. Esto implica un incremento de 817,1% en un año.

Una familia de cinco miembros requiere 15 salarios mínimos (15.051,15 bolívares) para lograr adquirir la canasta, lo cual evidentemente coloca a la gran mayoría, alrededor del 77 % de los hogares según el último informe de Encovi, en una situación de inaccesibilidad a los alimentos.

Pero existe otro ingrediente de esta difícil y compleja problemática. Según este mismo reporte 43,10% de los 58 productos que contiene la Canasta, no se encuentran en los anaqueles de abastos y supermercados.

Hoy ya es aceptado por la gran mayoría que los venezolanos hemos perdido la posibilidad de tener el “acceso de manera permanente a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cubrir sus necesidades nutricionales y las preferencias culturales para una vida sana y activa”, por lo cual se está reconociendo lo que advertimos ocurriría, ya no disponemos de “Seguridad alimentaria”.

Coincido con las estimaciones de Hiram Gaviria, con respecto a la caída en el consumo per cápita de los principales alimentos en la dieta del venezolano, la cual se prevé estará para este año por encima del 50 %. Para el caso de la harina de maíz pasaremos de un consumo 35 kilogramos/persona/año a solo 10 kg; en arroz la disminución será de 25 kilogramos/persona/año a 9 kg; mientras que azúcar pasaremos de consumir 40 kilogramos/persona/año a 10 kg y en café de 2.5 kilogramos/persona/año a 400 gramos. Para el caso de la carne de bovino el consumo disminuirá de 23 a 8 kilogramos/persona/ año, carne de pollo pasaremos de consumir 45 kilogramos/ persona/año a solo 11 y en huevos, se registrará una caída de 120 unidades/persona/año a 30 unidades.

El proceso de escasez, inflación y especulación de alimentos en Venezuela, lastimosamente continuará en expansión. Se siguen generando las condiciones para que sucesos como los de Cumana o Tucupita, que nunca debieron ocurrir, se multipliquen, y los alimentan peligrosamente declaraciones irresponsables como las del Mppat Wilmar Castro Soteldo al afirmar que “en Venezuela no hay hambre, lo que hay es un proceso de escasez”, a pesar que hoy cuatro de cada diez venezolanos reconoce realizar menos de tres comidas al día. Del hambre en nuestro país, solo un pequeño sector está a salvo, porque de una u otra forma, a la inmensa mayoría, ya nos alcanzó a todos.

La política económica y agrícola que continua aplicando el Gobierno, en nada o en muy poco solucionarán el problema de la caída en la oferta de alimentos. ¿Existe la posibilidad cierta de revertir esta peligrosa tendencia? Sí. ¿Es necesario cambiar el rumbo del país? Es obligante. ¿Podemos lograrlo en el mediano plazo? Confío plenamente en ello. ¡Los Venezolanos somos del tamaño del compromiso que se nos presenta! ¡Sí se puede!

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