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Billy Gasca // El diálogo en México

Durante el discurrir de esta semana la noticia que cobro mayor resonancia en los medios de comunicación nacionales lo representó el anuncio, inesperado para muchos, de la reactivación de las jornadas de dialogo entre representantes del ejecutivo y los representantes de la oposición mayoritaria que adversan al gobierno nacional. 

El hecho de prepararse en la ciudad de México el reencuentro de los lideres que detentan dos visiones contrapuestas de la manera de conducir los destinos de la Nación hay que celebrarlo, es una demostración de valentía, una apuesta al entendimiento más allá de las descalificaciones y el desconocimiento que una parte tiene sobre la otra. En suma, estamos ante la posibilidad real de crear algo nuevo si las personas que se sentarán en la mesa son capaces de escucharse sin prejuicios y sin tratar de imponerse nada. Cada miembro de delegación debería comprometerse con la verdad y la coherencia, sin temor a renunciar a las viejas ideas e intenciones, y estar dispuesto a enfrentarse a algo diferente cuando la situación lo requiera, en un escenario, donde, a pesar de la indudable inclinación ideológica del anfitrión, sería innoble afirmar las buenas intenciones del presidente López Obrador. 

Bajo este contexto, resulta un sentimiento mayoritario de la población el que Venezuela se enrumbe hacia un sendero donde se determinen las reglas claras para tres aspectos que, particularmente considero importantes. 

En primer lugar, la hoja de ruta electoral con el establecimiento de condiciones acordadas de modo, lugar y tiempo correspondientes a la elección presidencial, de la cual nos encontramos a menos de 2 años. 

En segundo lugar, el acuerdo de un conjunto de medidas tendentes a proponer  de forma consensuada el levantamiento de las restricciones, sanciones y otras medidas coercitivas políticas y económicas impuestas al Estado venezolano, que  coadyuven a reactivar el aparato productivo nacional y con ello recuperar y elevar la producción petrolera, de alimentos y de bienes y servicios, al tiempo de incorporar a estas actividades la tecnología necesaria para adaptar a los nuevos tiempos el trabajo cotidiano de los hombres y mujeres que apostamos por nuestro país. 

Por último y no menos importante, un acuerdo de reconstrucción institucional que permita reorientar la actividad administrativa del Estado hacia un rumbo caracterizado por la estandarización de procedimientos administrativos, la promoción de funcionarios competentes para ocupar posiciones dentro de la administración pública, la lucha constante en contra del burocratismo y la corrupción y la revisión del ordenamiento jurídico vigente con el fin de acometer reformas puntuales que faciliten la inversión extranjera en áreas específicas.  

El tiempo por venir debe ser mejor que nuestro pasado. Es hora de sobreponernos a las adversidades y apostar por la recuperación económica y del tejido social de la Nación. En el horizonte se asoman retos y desafíos que podemos superar juntos, como lo hemos hecho en el pasado, solo nos toca vernos, respetar nuestras diferencias y solidificar las coincidencias, con el objetivo claro de crear las condiciones para que Venezuela vuelva a ser, el epicentro de los grandes acontecimientos del continente Americano. 

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