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Bachaqueo sin fronteras, por Rubia Luzardo

Desde que se agudizó la escasez de productos básicos en el país, la respuesta de la ciudadanía ha sido comprar para almacenar y otros encontraron la posibilidad rápida de ganar un dinero extraordinario, esta última situación se ha convertido en un fenómeno social que todos reconocen como el bachaqueo.

Desde entonces, son diversos los productos que transitan por la vía fronteriza entre Venezuela y Colombia con el fin de ser comercializados y vendidos en el vecino país, para ilustrar a los que no conocen esta actividad económica, se puede encontrar desde combustible en todas sus presentaciones, alimentos comestibles, productos de aseo personal, cemento, cabilla, licores, cualquier cosa que pueda generar el tan anhelado beneficio económico al cambio de la moneda colombiana con la venezolana.

La desidia en la frontera ha sido sistemática con la ausencia de políticas de desarrollo claras para los habitantes de esta zona en ambos países, conllevando a una anarquía social en la búsqueda de la propia subsistencia. Como bien es sabido el Gobierno nacional implementó el plan denominado: “Lucha contra el contrabando”, configurando su principal medida para combatir el bachaqueo, no obstante, son muchos los falsos positivos que se presentaron y nada de solución concreta.

La frontera por sus propias características configura una dinámica social para sus pobladores, ellos conocen los códigos específicos de subsistencia, hay diversos grupos de poder que se pugnan el control de la zona, por su parte, el Gobierno venezolano en su afán de dar respuesta inmediata a un flagelo que está fuera de control tomó la medida de cerrar la frontera con el vecino país en varios estados.

No obstante, el tiempo de cierre nos ha mostrado que el contrabando es inevitable y menos aún cuando se ha convertido en un comercio de subsistencia social para familias venezolanas y colombianas desposeídas. Hoy día observamos como normal los ilícitos de pasar productos venezolanos a Colombia y viceversa, porque hay que tener claro que también del vecino país se extraen productos para vender en nuestro territorio.

Según testimonios de personas que se dedican a esta actividad de un (1) bulto de arroz vendido en territorio colombiano, se puede obtener una ganancia equivalente a un sueldo mínimo devengado en Venezuela, imagínense que sean diez bultos de arroz al día. La gran pregunta que todos nos hacemos es ¿Cuál es el papel de las autoridades militares que resguardan la frontera? Si hoy mismo los mercados colombianos están repletos de productos con sello venezolano, por lo cual, podemos decir para el bachaqueo no hay frontera. Entonces a quién o quienes beneficia más la medida de cierre.

Los ciudadanos de bien pedimos la apertura de frontera y sinceridad en las medidas contra los ilícitos fronterizos.

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