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Un autoritarismo creciente, por Jorge Sánchez Meleán

Es evidente que durante los últimos diecisiete años, el sistema político venezolano ha evolucionado desde uno democrático hacia otro antidemocrático. Son varias las mutaciones experimentadas por el régimen chavista durante este tiempo. Se ha movido desde una democracia electoral entre 1999 y 2001, pasando por un régimen híbrido de tipo autoritario, durante los años 2007 y 2009, hasta llegar en nuestros días, a un régimen crecientemente autoritario, que solo conserva algunos rasgos y garantías democráticas, en trance de desaparecer completamente. En opinión de J. Magdaleno politólogo venezolano, el régimen chavista no puede ser de nido hoy ni como una “democracia” ni como una “dictadura militar” al estilo de las que se establecieron en Venezuela y Colombia en los años 40 y 50 del siglo pasado. El sistema político de Chávez y Maduro se caracteriza por elementos como los siguientes: hiperpresidencialismo; desaparición del límite temporal del periodo presidencial; violaciones constitucionales frecuentes; ausencia de limites fácticos a la influencia del partido gobernante en la selección de los representantes de los Poderes Judicial, Moral y Electoral; creciente politización de la justicia; ausencia de equilibrio en la integración del Poder Electoral; supresión fáctica de las funciones de fiscalización del parlamento al resto de los poderes; condiciones de la competencia electoral abiertamente desventajosas para la oposición; establecimiento de un sistema de medios públicos partidizado e ideologizado; presiones sobre los medios de comunicación privados; discriminaciones a los ciudadanos por razones políticas; deshumanización del liderazgo opositor; partidización e ideologización de la Fuerza Armada Nacional; criminalización de la protesta ciudadana; existencia de “colectivos armados” radicalizados; permisividad de los cuerpos de seguridad del Estado respecto de la participación de civiles armados; existencia de grupos paramilitares en las fronteras, identificados con la “revolución bolivariana” y desconocimiento de la separación y autonomía de los poderes públicos. Por todo ello, Venezuela es hoy un sistema político autoritario, donde se privilegia el mando y se desprecia el consenso. Se concentra el poder en un hombre y se resta valor a las instituciones representativas. En consecuencia, se reduce a la mínima expresión a la oposición y también a la autonomía de los subsistemas políticos. Pero, ¿qué clase de autoritarismo tenemos? ¿Será un autoritarismo competitivo o consolidado? ¿Tendremos una autocracia totalitaria? Lo preocupante como veremos, es que estamos viviendo una grave mutación del sistema político que acentúa el autoritarismo, camino a la autocracia totalitaria. Vivimos en consecuencia, un autoritarismo creciente. Continuaremos.

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