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Asertividad, expresión de una sana autoestima, por Manuel Ocando

El estudio de las habilidades sociales ha experimentado un notable auge en los últimos años. La experiencia personal cotidiana nos indica que pasamos un alto porcentaje de nuestro tiempo en interacción social, ya sea en pareja o en grupos, y tenemos experiencia de que las relaciones sociales positivas son una de las mayores fuentes de autoestima y bienestar personal.

La asertividad es la habilidad social que nos permite expresar nuestras opiniones o sentimientos, sean estos positivos o negativos, de forma clara, directa y sin que medie la hostilidad y la sumisión. Decimos que una persona es asertiva cuando es capaz de ejercer y defender sus derechos personales, como por ejemplo decir “no”, expresar desacuerdos, dar una opinión contraria y expresar sentimientos negativos sin dejarse manipular, como lo hace el sumiso, y sin manipular ni violar los derechos de los demás, como lo hace el agresivo.

Robert Alberti y Michael Emmons en el año 1978 definen la conducta asertiva como “el conjunto de conductas emitidas por una persona en un contexto interpersonal, que expresan los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones y derechos de esa persona de un modo directo, firme y honesto, respetando al mismo tiempo los sentimientos y actitudes, deseos, opiniones y derechos de otras personas”.

La conducta asertiva es una herramienta que te ayuda a ser tú mismo, a no tener miedo ni vergüenza de tus propias convicciones, a defenderlas con entusiasmo sin menospreciar ni mostrarte agresivo hacia quienes no las comparten. Está basada en la expresión de una sana autoestima, se apoya en el respeto a las propias convicciones sin pretender imponerlas a los demás. La asertividad no es más que respetarte a ti mismo respetando a los demás. Decir lo que realmente piensas controlando el mensaje que quieres transmitir para que no sea demasiado agresivo. La asertividad fortalece el amor propio, la dignidad y sube la autoestima como la espuma.

Entre los extremos nocivos de los que piensan que el fin justifica los medios y la queja permanente de los que son incapaces de manifestar sus sentimientos y pensamientos, esta la opción asertiva de comportarse. Se trata de una forma moderada de comportamiento, similar al “camino del medio” promulgados por Budas y Aristóteles, donde existe una integración constructiva de la tenacidad de quienes pretenden alcanzar sus metas con la disposición de respetar y autorrespetarse. Lo más interesante es que las peticiones que hagas desde la conducta asertiva tendrán muchas más probabilidades de tener éxito ya que estarás pidiendo legítimamente que se respete tu punto de vista. Ante tales extremos, la práctica asertiva se muestra como una especie de defensora de la dignidad, una manera elegante de poner cada cosa en su sitio.

Sin embargo, hay que reconocer que eso que llamamos asertividad cuesta horrores en un país que aún resuelve sus conflictos y situaciones comprometidas a base de “sacar el pecho” o de culpabilizar al otro. Vivimos en sociedad, y echar las culpas a otros no resuelve problemas. La actitud más efectiva consiste en expresar nuestros sentimientos, derechos y opiniones respetando al mismo tiempo los de las otras personas. La asertividad es la herramienta para acertar en la relación humana, donde no hay ganadores y perdedores, hay solo seres que se relacionan en un ámbito de profundo respeto.

 

 

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