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Antonio Urdaneta // Los cuervos bolivarianos

Es del conocimiento público, tanto nacional como internacional, que Venezuela está inundada de delincuencia por los cuatro costados. En lo que va de siglo XXI lo único que ha crecido en nuestro país es el delito en todas sus manifestaciones. Ya tenemos más de dos décadas en manos de los peores delincuentes que ha conocido el mundo durante este período. Ladrones, asesinos y narcotraficantes han encontrado dinero, armas y protección por parte de conocidos personeros del régimen.

Es difícil detectar una expresión delincuencial donde esté ausente la mano o la influencia de la dictadura nazicomunista; desgracia dictatorial que se instauró en Venezuela justo desde el amanecer de este siglo. En esa oportunidad tuvimos la mala suerte de darle paso a una plaga política teñida de rojo, cuyo primer propósito fue asesinar la democracia, objetivo que logró sin pérdida de tiempo. A pasos agigantados avanzaron con la finalidad de inhabilitar o secuestrar las instituciones democráticas; sustituidas a la vez por el poder totalitario de un dictador contaminado por la influencia diabólica del sanguinario tirano Fidel Castro.

La primera acción antidemocrática del dictador que ocupó el palacio presidencial en 1999, fue su vulgar alianza con grupos delincuenciales criollos y extranjeros. Los primeros se manifestaron organizados y bien armados por el régimen; los bautizaron con el nombre de círculos bolivarianos. (Desde el principio la plaga política del siglo XXI ha utilizado a Bolívar como cómplice de sus fechorías).

Más tarde los círculos bolivarianos derivaron en los tristemente célebres “colectivos”. Por supuesto, éstos mejor armados y equipados que sus predecesores. Hablar de esa criminal estructura “revolucionaria” es innecesario, porque se dieron a conocer inmediatamente, precisamente por su actuación contra toda manifestación democrática de la sociedad venezolana. Por otra parte, el dictador hacía gala de su vocación antidemocrática, cada vez que se vanagloriaba de su simpatía y amistad con los grupos guerrilleros colombianos. Los mismos que ahora quieren dominio en el territorio nacional.

Veamos pues la evolución de los grupos irregulares de la dictadura. Los guerrilleros ahora se empeñan en posicionarse de buena parte de nuestro territorio. Al efecto se han enfrentado a la fuerza militar nacional y ésta luce disminuida frente a los cuervos que ayudó a criar. Y en cuanto a los colectivos, hoy convertidos en megabandas delincuenciales, también aspiran ejercer mando, sobre todo en la ciudad capital. Debe quedar claro que el régimen es el único culpable de que sus cuervos bolivarianos hoy pretendan sacarle los ojos. ¡Y parece que lo están logrando!

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