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Antonio Urdaneta Aguirre // Hacia el rescate de la unidad

Es cierto, y además saludable para garantizar un buen ejercicio democrático, que los educadores sientan simpatía por una ideología o un partido político. Un compromiso de esa naturaleza, incluso la militancia activa en las organizaciones pertinentes, puede contribuir determinantemente al fortalecimiento del proceso de perfectibilidad de la democracia. El potencial didáctico de los maestros, sanamente desarrollado en los escenarios políticos, y su vinculación permanente con las comunidades donde vive o presta sus servicios, lo colocan en situación ventajosa para desenvolverse exitosamente como líder político.

Por consiguiente, la actividad relacionada con las organizaciones partidistas de origen democrático, nutren al sistema de libertades públicas y enaltecen al educador como ciudadanos. Lo que sí debe quedar claro es que el ejercicio político tiene sus propios escenarios, dentro de un marco específico, donde es posible y deseable su realización más cónsona con los propósitos del liderazgo respectivo, según los sectores sociales potencialmente beneficiarios del mensaje y la acción de la dirigencia respectiva.

Dicho lo anterior, ahora es procedente establecer en qué medida y bajo cuáles condiciones, los educadores pueden y deben desempeñarse como dirigentes sindicales del magisterio. En este caso es indispensable, incluso de vida o muerte para la organización sindical, separar el sentimiento ideológico o político de la responsabilidad que supone el compromiso gremial. Confundir la actividad sindical con la simpatía o las obligaciones político-partidistas, se traduce en un comportamiento contra natura; porque son casi antagónicos los objetivos que se persiguen.

De modo entonces que en este caso es oportuno recordar el dicho “zapatero a su zapato”. También es conveniente recordar que el activista político actúa en función de un amplio abanico de exigencias sociales, mientras que el líder sindical, cuando asume una responsabilidad dirigencial al respecto, su primera obligación es con los trabajadores (en este caso, educadores) que lo eligieron. En el momento en que están de por medio las reivindicaciones laborales, a veces es necesaria la ayuda o intervención de los partidos políticos en los cuales militan los líderes sindicales. En ningún caso esta situación puede ser al revés.

¡Que sirva este esfuerzo didáctico, para que los actuales dirigentes sindicales del magisterio reflexionen y empiecen a buscar fórmulas, para que le regalen a los maestros la unidad auténtica de su movimiento sindical! Ellos, los dirigentes, saben cómo hacerlo, a menos que sus partidos políticos, en vez de ayudar, interfieran el abordaje hacia el rescate del ya perdido espíritu unitario del sindicalismo magisterial.

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