El diario plural del Zulia
TOPE AMERICARGO

Antonio Urdaneta Aguirre // División sindical: Hambre y dolor

En anteriores artículos publicados en este mes del maestro (enero), toqué aspectos importantes relacionados con el magisterio como sector laboral, bien rememorando ligeramente sus buenos momentos, o puntualizando los riesgos que enfrenta actualmente, incluyendo breves menciones sobre las conquistas sindicales y las reivindicaciones socioeconómicas y profesionales que había logrado, después de ochenta y ocho años de lucha sistemática, con más bajos que altos.

Hoy aspiro a ser lo más didáctico posible, para lograr tanta motivación como sea necesaria, en función de que el mensaje cubra las expectativas deseables. Dada la distorsión en la que ha caído el sindicalismo en Venezuela, y en especial en lo que concierne al magisterio, es obvio que los maestros deberían tener más dominio e información acerca de su movimiento sindical, en este momento muy maltrecho.

Hay una serie de variables y valores que son indispensables para garantizar y fortalecer continuamente el poder y la respetabilidad del movimiento sindical, cualquiera sea el sector laboral agremiado en las organizaciones pertinentes. Sin aquellos soportes, ningún sindicato reúne las condiciones para lograr la vigencia de logros alcanzados y, menos aún, para conquistar nuevas y mejores reivindicaciones.

Lo primero que se debe cuidar como si fuera un monumento de cristal, es el origen del sindicato; éste requiere, para tener mayor aceptación, que sea producto de una verdadera democracia sindical. Es decir, que sus organismos directivos y consultivos, sin maniobras maquiavélicas, emanen de elecciones libres, directas y secretas, con la participación amplia y suficientemente estimulada, de los trabajadores del sector, cualesquiera sean las tendencias de los electores. Este ejercicio realmente democrático, conduce al logro del soporte más poderoso del movimiento, como en la unidad orgánica y estructural del sindicato; unidad auténtica que en ningún caso puede ni debe ser un archipiélago de fracciones político-partidistas disfrazadas de sindicatos. Se dispone de poco espacio para explicarlo mejor; sin embargo, la inteligencia y la capacidad de interpretación de los educadores es suficiente para deducir las conclusiones pertinentes.

Otros valores, que adquieren también categoría de principios, son la solidaridad, la autonomía y la independencia, columnas de todo movimiento sindical, cuando los sindicatos respectivos están libres de ataduras partidistas o patronales. Por cierto, ese tipo de ataduras es el cáncer que hoy está minando la vida del sindicalismo de todos los sectores laborales del país. ¡Quiera Dios que los maestros tomen conciencia de esta catastrófica realidad, y logren que sus dirigentes regresen al escenario de la verdadera y auténtica unidad sindical!

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