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Antonio Pérez Esclarín // Día de la Madre

La  celebración del día de la Madre, me brinda una excelente oportunidad para plantear algunas reflexiones sobre la madre y la familia, en los tiempos tan difíciles e inciertos que vivimos. El pueblo venezolano es un pueblo profundamente apegado a la madre que, en muchos casos, debe ser padre y madre a la vez e incluso, como dice la canción, lo es todo: hospital, iglesia, escuela. De ahí que sea un pueblo eminentemente mariano y siempre ha sentido a María, la Virgen, un apoyo en las tribulaciones y problemas, y  un atajo y un medio para acercarse a Papá Dios. Por ello,  en los momentos de crisis, pandemia,   penuria y sufrimiento  que estamos viviendo, debemos volver los ojos a María que, estrella de la mañana, ilumina nuestro caminar en medio de la oscuridad, el dolor y  la incertidumbre.

De los muchos rasgos de María, quiero elegir uno que es raíz de todos los demás y tiene  para nosotros una enorme importancia.  Ella fue  mujer de fe y de esperanza. Por ello, estuvo siempre atenta a la voz de Dios,  reflexionando los  acontecimientos  en su corazón  para actuar en ellos como Dios quería. Y como el plan de Dios es   construir  una sociedad fraternal, opuesta a  la injusticia, la violencia y el odio,   la fe esperanzada  hizo a María solidaria y servicial. Esa fe esperanzada la llenó también de fortaleza para soportar su propio calvario y permanecer firme, al pie de la cruz donde su hijo era asesinado.

Apoyados en  María, que nos acompaña en nuestros dolores y penurias,  la celebración del  Día de la Madre debe ayudarnos, en estos días tan difíciles a fortalecer la familia como lugar de convivencia, respeto, honestidad  y solidaridad.  Para enfrentar la incertidumbre y el sufrimiento, y sobrevivir con dignidad, necesitamos hoy familias muy unidas, donde cada uno pueda apoyarse en el otro y encontrar  ánimo, fuerza   y esperanza.   La familia es  el lugar privilegiado para enfrentar  las dificultades y para aprender la solidaridad y el compromiso. 

Si queremos familias sólidas, debemos fortalecer la pareja. El matrimonio exige mucho cuidado, abnegación y disciplina.  La rutina lo gasta y la violencia lo destruye.  Para mantener vivo el amor y superar los problemas y dificultades tan frecuentes en estos tiempos, es muy importante cuidar los detalles; mantener el buen humor; ser  muy comprensivos  con los cansancios, miedos, y preocupaciones; colaborar en las tareas del hogar,  escuchar con atención y comunicarse siempre; evitar la rutina,   y el derrotismo; y mostrar siempre, sobre todo ante los hijos, una actitud positiva, esperanzada, que demuestre un gran amor por Venezuela y  decisión firme de trabajar  para sacarla del abismo en que se encuentra.

El mejor regalo que podemos darle a la madre en su día   es esforzarnos por robustecer los lazos familiares.  Ellas se sienten  felices cuando  ven que nos apoyamos, que nos tratamos con cariño, que nos esforzamos por ayudarnos a enfrentar  los  problemas. La celebración de este día debería  ayudarnos a asumir más responsablemente el papel que nos corresponde a cada uno en nuestra familia,  es decir, con las personas que vivimos: madre-esposa, padre-esposo, hijos-hermanos, abuelos, tíos… No olvidemos  que la familia es  el lugar privilegiado para aprender la solidaridad, el respeto, la colaboración, el amor. Sin amor, la libertad se convierte en soledad

¡Felicidades a todas las madres sobre todo a las que sufren la ausencia de los hijos y luchan por una Venezuela próspera y justa para todos!

 

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