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¡Ábrete a la Gracia!, por Padre Jaime Kelly

Dice la Palabra de Dios: “En una ocasión en que estaba reunidos Jesús con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que el Padre había prometido… Recibirán la fuerza del Espíritu Santo… Dicho esto, Jesús fue levantado antes sus ojos y una nube lo ocultó de su vista” (He 1, 4,8-9).

Jesús nos dice: “Esperen lo que el Padre ha prometido”. Esa promesa es para ti y para mí. Hemos de esperar siempre la efusión y la Gracia renovadora del Espíritu Santo que vivifica el espíritu y el alma del creyente, renueva nuestras mentes y fortalece nuestro cuerpo con mayor entusiasmo y disposición para cumplir nuestra tarea de cristianos, haciéndonos testigos de un Dios que vive y actúa en medio de su pueblo.

Pero, ¿qué pasa en nuestros días? ¿Por qué no vemos más comúnmente los signos y prodigios del Espíritu Santo? ¿Por qué pensamos que eso sólo sucedió en ese tiempo o le sucede sólo a personas especiales?.

Puedo responder a estas preguntas con una sencilla reflexión: “Un hombre vivía en un lugar donde había sequía, día a día le pedía a Dios que le cumpliese su mayor sueño, el cual era poder llenar un barril de agua y meterse en él para bañarse y disfrutar. Un día, en la madrugada escuchó que llovía; pero él estaba cansado y adormilado y pensó mucho para levantarse, el sueño lo vencía, hasta que al n se levantó y dormitado como estaba, colocó el barril en el canal donde caía la lluvia en gran cantidad. A la mañana siguiente, el hombre se levantó feliz, pensando que su sueño se cumpliría y corrió con una toalla hacia el barril, pero su sorpresa fue ver que estaba vacío. “¿Qué sucedió?”. Este hombre por estar adormecido, no se fijó que había colocado el barril al revés, y perdió la oportunidad de recoger el agua de la lluvia”.

Amigo, Dios está derramando sus Bendiciones sobre ti. Dios envía su Espíritu para morar en ti, en mí, pero muchas veces somos nosotros quienes nos cerramos a la Gracia. Estamos como tapados, adormilados. Muchas veces el cansancio por los afanes de la vida, en la búsqueda tan sólo de lo material, justicándonos por la lucha por la subsistencia propia y de la familia, o inquietos por asegurarnos el futuro, nos hace olvidar de la existencia del Espíritu, que necesita ser alimentado, renovado y fortalecido con la Gracia y la fuerza, que sólo “viene de lo alto”. Y es así, que encerrados en nuestro mundo, que muchas veces está al revés, perdemos las Bendiciones del cielo.

Hermano, ¡Ábrete a la Gracia! Permanece en oración… Aviva el fuego del Amor de Dios y así disfrutarás verdaderamente de una Vida en plenitud, con la certeza de la cual nos habla la Palabra de Dios: “…En n, que queden colmados hasta recibir toda la plenitud de Dios, cuya fuerza actúa en nosotros y que puede realizar mucho más de lo que pedimos o imaginamos” (Ef 3, 19-20).

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