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Xi Jinping conocía la gravedad del coronavirus dos semanas antes de reconocer la epidemia

El presidente chino ordenó “impedir y controlar el brote” pero los responsables de la ciudad tardaron demasiado en reaccionar e incluso organizaron un banquete para 40.000 familias para batir un récord

El presidente de China, Xi Jinping, sabía que la ciudad de Wuhan sufría una grave crisis de coronavirus desde dos semanas antes de que las autoridades chinas reconocieran públicamente el brote.

Xi dio la primera orden de contención a gran escala del Covid-19 el pasado 7 de enero, según un discurso publicado este fin de semana por los medios oficiales chinos tras conocerse los ceses de numerosos altos cargos locales por su lentitud en la respuesta al origen de la epidemia.

De acuerdo con el discurso, fechado el 4 de febrero, el presidente chino ordenó el 7 de enero “sus requerimientos para impedir y controlar el nuevo brote de coronavirus” ante una reunión del Politburó, el máximo órgano del Partido Comunista. Sin embargo, no fue hasta el 20 de enero cuando Xi habló públicamente del coronavirus y las autoridades chinas reconocieron la existencia de la epidemia en Wuhan, que para entonces ya se había extendido a otras regiones de China y había saltado al menos tres fronteras, las de Tailandia, Japón y Corea del Sur.

El 7 de enero, el coronavirus ni siquiera había sido identificado públicamente como tal. Hasta entonces se tenía constancia de solo 59 “casos de neumonía”, siete en estado grave, y 121 personas en cuarentena, según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicadas en esos días. En EL PAÍS, el 9 de enero, dos días después de la orden de Xi Jinping, se publicó la noticia de la “neumonía”, actualizada dos días después, ya con la palabra virus en el titular. Ese mismo día, el 11 de enero, se informó de la primera muerte. Este domingo, un mes y cinco días después, la Comisión Nacional de Salud de China ha confirmado 1.665 muertos y 68.500 contagiados.

A pesar de la orden de Xi, los responsables de Wuhan tardaron demasiado en reaccionar, hasta el punto de que el 18 de enero organizaron un banquete multitudinario para 40.000 familias en un intento de batir un récord mundial. Para entonces, el virus ya había cruzado al menos dos fronteras, la de Tailandia y Japón, donde dos personas dieron positivo. El 20 de enero, las informaciones ya comienzan a hablar de “oleadas” de infecciones.

Esta semana, los medios estatales han informado del cese del jefe del Partido Comunista de la Comisión de Salud en la provincia más castigada de Hubei, Zhang Jin, y su director Liu Yingzi, como castigo por su negligencia. Ambos han sido sustituidos por Wang Hesheng, subdirector de la Comisión Nacional de Salud de China.

Junto a ellos fueron “penalizados” 337 funcionarios en Hubei, seis de ellos despedidos por “incumplimiento del deber”. También fueron cesados varios cargos de Cruz Roja en Hubei, tras la ola de críticas de la población a la respuesta al virus, de las que tampoco se ha escapado el presidente, que permaneció alejado de la luz pública durante varios días antes del último repunte del número de afectados.

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